martes, 31 de julio de 2007

Inhibidores y camiones de patatas


Le debemos estas extraordinarias declaraciones nada más y nada menos que al señor Félix Sanz Roldán, Jefe del Estado Mayor de la Defensa, JEMAD, el primer mando del escalafón militar, sólo por debajo de Su Majestad el Rey como General en Jefe de las Fuerzas Armadas y que por su certera puntería a la hora de abatir corzos y osos idiotizados por el vodka podría alistarse -aún está el hombre la mar de flamenco- en una unidad de élite de francotiradores o de fusileros de la Guardia Real.
En efecto, el titular aparecido en el diario El Mundo en su edición del 15/07/07, pocos días después del atentado perpetrado en el Líbano contra tropas españolas con un resultado de siete soldados muertos, es de lo más elocuente: Todos los vehículos, hasta el camión de patatas, llevarán inhibidores de frecuencia.

Hubo cierta polémica a cuenta del atentado y de las insuficientes medidas preventivas adoptadas para la protección de nuestros convoyes militares en el extranjero. Polémica que se ventiló en unos días pues amplias son nuestras tragaderas y de memoria tampoco andamos muy sobrados. Por esa razón la memoria, histórica o no, de corto, medio o largo plazo, nos la tienen que dar bien masticada vía decreto ley.
El ministro de Asuntos Exteriores, señor Moratinos, pidió formalmente ayuda a Siria e Irán para determinar la autoría del atentado. Teniendo en consideración el lugar del suceso y los interlocutores apuntados por nuestro avispado canciller no hace falta ser un reputado geoestratega para saber que se valió en su discurso de un eufemismo, rodeo o circunloquio, pues el sentido de la estructura profunda de su petición es evidente, no tratándose en realidad de una solicitud de ayuda sino de una pregunta directa: ¿Por qué lo habéis hecho -por qué habéis perpetrado el atentado- a través de vuestros grupos patrocinados en la zona?*

Se dijo que los inhibidores de frecuencia fueron a parar, por una cuestión de riesgos y prioridades, a Afganistán. Que no negamos que no sea un avispero también, pero los hechos desmienten la oportunidad de su distribución regional según el cálculo erróneo, como se ha visto, del riesgómetro, un chisme que aún no ha sido patentado y que no acaba de chutar. Lo cierto es que no disponíamos del suficiente número de aparatejos y había que repartirlos de algún modo por el ancho mundo, suponiendo que las relaciones cordiales de nuestro ministro -gran conocedor de los enrevesados intríngulis de Oriente Próximo- con algunas organizaciones terroristas de la zona nos exoneraría de un suceso de esas trágicas dimensiones.
También se apuntó que muchos de los inhibidores disponibles estaban destinados a uso civil, por así decir, pues se trataba de proteger cargos electos de las asechanzas de nuestra amenaza doméstica, ETA, y eso que aún teníamos frescos en la retina los requiebros galantes con según qué cabecillas de la banda terrorista. Chocante paradoja, pues fue moneda en curso durante la llamada tregua que los nacionalistas de ETA ni tramaban nada, ni se rearmaban, aún robando 400 pistolas, ni remitían cartas de extorsión, ni cosa parecida y aún así dirigentes del PSOE llevaban inhibidores de frecuencia hasta en la dentadura postiza para no tener que tragarse sus propias palabras.

Es magnífico proteger las patatas, que por algo son la reina de la mesa, y conviene adular el oído regio, pues la monarquía a todos obliga, incluso la gastronómica, siendo los tan loados como modestos tubérculos alimento fundamental para saciar el apetito poco refinado de la soldadesca en campaña. Pero seguro que los soldados caídos, sus conmilitones, familiares y la ciudadanía en su conjunto -a excepción de los nacionalistas gallegos, socios del PSOE, que, sandungueros, anunciaron poco después de la matanza la salida a concurso de siete vacantes, tantas como víctimas, para alistarse en el Ejército- habríamos preferido que los inhibidores no llegaran a destino con retraso y cuentagotas sino a tiempo para implementar las deseables medidas de seguridad para nuestros soldados, expuestos siempre a mil peligros e incidentes incluso en misiones de paz.

En resumidas cuentas, los inhibidores deberían haber llegado antes y en número suficiente. Y si ahora protegemos el camión de las patatas o el carrito de los helados, mejor. Al señor Sanz Roldán se le olvidó añadir que también pondrá un inhibidor en la silla de ruedas de su santa madre, si aún vive y goza de su compañía. ¿Santa, hemos dicho? La palabra apropiada era otra, pero ella no tiene la culpa. Ese mamarracho con galones aún no ha dimitido, ni ha sido cesado.

* Leemos en un número atrasado de la revista Interviú -el anterior al desnudo en portada de Raquel Bollo- que las tropas españolas en Líbano controlan la zona del despliegue en patrullas conjuntas con militantes de Hezbolá. No es broma. Si no se lo creen consulten la fuente citada, por discutible que sea su credibilidad. ¿Se figuran patrullas mixtas de Guardia Civil y ETA por el País Vasco?

sábado, 28 de julio de 2007

PP/PNV/CiU: la historia interminable


Lo ha dicho recientemente el señor Costa en una entrevista publicada por el diario El Mundo. El interfecto -fue, eso creemos, Secretario de Estado de Hacienda- es un destacado dirigente del equipo que diseñará la campaña popular de las próximas elecciones generales. En efecto, ese distinguido ideólogo que maneja en la sombra los hilos de la propaganda y elabora mensajes para seducir al electorado, cual alquimista de la política, ha dicho que no descarta llegar a acuerdos en una próxima legislatura con CiU y PNV. Lo que traducido al román paladín quiere decir que el PP se postula y pide número, como en la cola del supermercado, para lamer a lengüetazos, de nuevo, el gordo trasero del nacionalismo. También se deduce de lo antedicho que si alguien piensa que en lo tocante a vertebración del territorio y políticas anexas, la imbecilidad, cuando no la traición, es monopolio exclusivo del PSOE, se equivoca. También el PP reclama para sí el usufructo de la idiotez. Las declaraciones del señor Costa son la prueba palmaria e irrefutable.

Esta bitácora no precisa más extensión ni argumentos. Acaso añadir la sorpresa que causa semejante declaración teniendo en cuenta la salida reciente -cese o dimisión- de Piqué y Vendrell de la cúpula del PP catalán. Es decir, por un lado el PP se reivindica como único partido nacional o constitucionalista -una vez sabido que la deserción del PSOE no tiene enmienda, en tanto no sea desplazado ZP, circunstancia harto difícil mientras acompañen los resultados electorales- al desprenderse de Matas en Baleares, por su affaire con la Mari Pau, y de Piqué en Cataluña por su comprensión o su blandura ante los nacionalistas, y por otro, en sentido contrario, apunta por boca del señor Costa una futura entente nada menos que con el PNV del pacto de Estella y del plan Ibarreche y con CiU y su constatada querencia por estatutos y notarías. Esto es, dos tradicionales gestores del nacionalismo esencialista e identitario y en buena medida responsables del actual desbarajuste. Y todo porque Imaz les ha guiñado un ojo y, mugientes como alces en celo, se les hace la boca agua.

El PP aquí nos recuerda al PSOE y le copia la fórmula. Que ejecuta las más arriesgadas cabriolas para pactar y congraciarse con toda suerte de grupos nacionalistas al tiempo que equilibra supuestamente la balanza, cuando la ocasión lo requiere, sacando a escena a espantajos en fase de momificación como Alfonso Guerra, Ibarra o Bono para demostrar con hueras y grandilocuentes manifestaciones su acendrado españolismo y disimular de ese modo turbios apaños con ETA o con ERC. Nos causa cierta consternación imaginar a los señores Sirera, Fernández Díaz, el del voto inútil a C’s, y Garcia Albiol metidos en el papel de los tres tenores, ataviados con levita de palafrenero, loando en Cataluña, según libreto, las bondades sin cuento de un posible pacto con los nacionalistas que tantas veces les han humillado y despreciado. Y nos consta que ya andan los pobres, muy voluntariosos, practicando ejercicios para distender su musculatura facial -disloque mandibular a la manera de las cobras reales de la India- y mamar, en sentido figurado, cuantos chismes les pongan a tiro en aras de la deseable gobernabilidad, si un día corresponde al PP desempeñar tan alta misión.

Más que nunca es preciso articular una opción a nivel nacional que evite la improductiva u onerosa injerencia de los nacionalistas en la política española. No es sólo una necesidad o urgencia histórica sino el único remedio disponible para salvaguardar -si estamos a tiempo- la honra en holganza y la dignidad menguante de los gerifaltes de PSOE y PP que, obsequiosos y complacientes, llevan rozados los pantalones de tanto doblar la rodilla ante sus socios periféricos.
También hemos sabido que don Mariano Rajoy progresa en los cursos de lengua catalana que toma a domicilio para, llegado el caso, hablarlo en la intimidad.

jueves, 26 de julio de 2007

Crónica gerundense

La semana del 16 al 20 de julio Tolerancio estuvo en Gerona junto a su señora madre aquejada de una dolencia que, afortunadamente, remitió en poco tiempo. La paciente fue ingresada en el Hospital Doctor Trueta y allí permaneció por espacio de unos días. Salió con bien del mal paso, quedando todo en un susto de aúpa.
Tolerancio, camino de Gerona en un tren de media distancia -que no sabemos si gestionará la Generalidad, pues los traspasos en ciernes hablan solamente de la red de Cercanías de RENFE y cabe que la media distancia, por exceder el límite de la cercanía, la controle acaso a medias, optando por una partición administrativa y salomónica de los vagones que componen cada convoy-, leyó en el diario que el consistorio gerundense, gobernado por el omnipresente tripartito, prohibirá a los feriantes en su municipio la rotulación en castellano de sus paraditas itinerantes así como la difusión de música en ese idioma para promocionar sus artículos o atracciones: ropa de mercadillo, cucuruchos de almendras garrapiñadas, la barraca del tiro al blanco con carabinas mal calibradas, los autos de choque o la rifa de muñecas y chamuchinas varias. De tal suerte que los pilotos autochocantes, dando peritísimos volantazos para eludir colisiones, o provocarlas, habrán de reinterpretar y traducir el hit musical más pintiparado para la ocasión, Ese torito guapo, el mayor éxito del llorado Fary, para adecuarse a las nuevas circunstancias lúdico-idiomáticas y atacar pizca más o menos la pieza de la siguiente guisa: aquell brauet, aquell brauet tant maco, té botins...

Tolerancio se presentó en cuanto pudo en el hospital y ante la escalinata de la fachada principal, atribulado hasta entonces por la gravedad del contratiempo familiar, se tranquilizó en parte al ver ondear una inmensa bandera cuatribarrada que actuó en su ánimo como una suerte de calmante, de metafísico bálsamo y le sacudió el espinazo una corriente de medio voltaje -corriente que gestionará en adelante una eléctrica de titularidad regional opante u opada para garantizar el pleno suministro energético y emocional de la población-. Cuatro mástiles y una sola bandera.
El efecto fue meteórico. Tolerancio supo que el diligente equipo médico, amparado en el nacional estandarte a modo de patriótica advocación y como trastocado en una suerte de protector manto mariano, procuraría a todo el que entrara allí no sólo la curación del cuerpo sino también la del alma. De eso no le quedó a Tolerancio la menor duda al saber que el honorable galeno a quien está dedicado ese hospital fue en vida un verdadero filántropo, el señor Trueta i Raspall, que desde la cuna, a juzgar por su segundo apellido, estaba destinado a la tutela de la limpieza vírica y espiritual de sus semejantes.

El coágulo de sangre fue reabsorbido por la paciente. Fue como si, valga el símil futbolístico, sancionan a su equipo con un penalti -usted es el portero- y el rival chuta con potencia pero sin colocación. El balón roza el poste y marcha al graderío.
Las enfermeras se portaron no solo con gran celo y profesionalidad, sino haciendo gala de una simpatía que acaso no es exigible, por lo que Tolerancio les debe reconocimiento y gratitud. Cierto que aguardó allí tres largos y cansinos días a la espera de una última prueba, que no era más que un ecocardiograma, una ecografía del corazón, para averiguar o descartar posibles causas de la dolencia, pero que no siendo una prueba ni cara ni técnicamente peliaguda fue la que más se demoró por la reducida disponibilidad del equipo de cardiólogos contratado por horas y que en su agenda tenía otras prioridades. Quizá la estancia en el hospital, con las atenciones que requiere un paciente de edad avanzada, sea más cara incluso que la prueba médica referida, pero los intríngulis de la gestión sanitaria son un lío de lo más enrevesado que escapa al pobre entendimiento de un servidor.

Tolerancio observó cosas llamativas, que darían para otra bitácora, durante los cinco días que anduvo por allí, pernoctando en dos ocasiones en el hospital, previo relevo acordado entre los efectivos familiares destacados al lugar, pero lo cierto es que su alma halló acomodo y contento al ver que aquella enorme bandera solitaria actuaba como una suerte de escapulario no con la inscripción de detente bala sino de detente virus y que, aún en el peor de los casos, el enorme trozo de tela, de varios metros cuadrados, podría desempeñar funciones de fúnebre sudario para los enfermos que rindan su alma en un postrero acto de patriótica afirmación.

Tres días, 72 horas, para un cardiograma, pero la bandera hospitalaria era tan hermosa e inmensa que sólo un cíclope colosal la habría podido besar con unción.

lunes, 23 de julio de 2007

yihadistas, gudaris y cruzados


Ha hecho fortuna la denominación yihadista en la prensa occidental para referirse a los terroristas islámicos. Que es una manera, consciente o no, de revestir a esos fanáticos y sanguinarios criminales de un aura como de clandestino emboscamiento y valentía, un aire de guerrilleros juramentados -todos para uno y uno para todos- no exento de un como brutal heroísmo y desprendimiento porque luchan y se inmolan -e inmolan de paso todo lo que pillan- por una causa investida además, en la hora presente, de antiamericanismo: la yihad o guerra santa… pues si una guerra es santa es sin duda, sobre el papel, preferible a una guerra ilegal, como tantas veces se ha descrito la segunda guerra de Irak que no contó, en un primer momento, con el respaldo de la ONU, ese organismo cuya ecuanimidad causa verdadera y estremecedora admiración, aunque meses más tarde adoptara una resolución para autorizar la permanencia de tropas extranjeras en el país.
El yihadista, en la soledad de la jaima o del apartamento, un modesto cubil, rinde su oración de despedida a Alá, el Todopoderoso, mirando a La Meca, con el kalashnikov en el regazo. Hace sus abluciones ceremoniales, se embebe del rito, le transporta la fe y ya se ve volando hacia el paraíso donde discurren arroyos de leche y miel y las huríes, perfumadas de algalia y opopónace, le recompondrán el cuerpo desmigado a pedacitos por la explosión gracias a las adherentes virtudes de la goma arábiga.

Ellos se consideran yihadistas. Repetirlo en la prensa o en las conversaciones de cafetería es seguirles la corriente y darles la razón. Por esa misma regla de tres habría que llamar gudaris a los terroristas de ETA. Pero nadie, salvo los nacionalistas, es decir, nadie en su sano juicio, tiene bemoles para adoptar esa terminología de manera abierta e indisimulada, ni siquiera hoy cuando se han escenificado tantas galanterías con esos criminales. Si se trata de adoptar el discurso de quienes se producen de manera aberrante, justificándose a sí mismos al describir sus conductas desarregladas, habríamos de llamar, por ejemplo, amantes desbocados a los violadores o incomprendidos admiradores del universo infantil a los pederastas.

Uno se pregunta qué tratamiento darían los medios de comunicación a los integrantes de una hipotética organización terrorista partidaria de una suerte de ultramontano integrismo católico, anteconciliar, sazonado de un furibundo ideario de ultraderecha, que reclamara para sí -y para sus bombazos y ametrallamientos- la condición de genuinos depositarios de la fe cristiana y se intitularan herederos del legendario espíritu de los cruzados que en la Edad Media pretendieron rescatar Tierra Santa para la cristiandad, dirían en sus comunicados, de las infieles garras de Saladino. ¿Les designarían, conforme a su deseo expreso, con el término cruzados o simple y llanamente les llamarían terroristas, esto es, sin reproducir en un involuntario acto penetrado de cierta propaganda inconsciente, su propia y exculpatoria terminología?

Está claro. Y además a nadie se le ocurriría, con semejantes interlocutores, fastidiarnos con rimbombantes y hueras invocaciones al diálogo o a la patochada ésa de la alianza civilizatoria, ni mamarrachadas por el estilo. Si no todos los muertos valen lo mismo, tampoco sus asesinos: los hay mejores y peores. Esto no lo decimos nosotros, lo sugiere a veces la prensa.

Yihadistas, gudaris y cruzados

Ha hecho fortuna la denominación yihadista en la prensa occidental para referirse a los terroristas islámicos. Que es una manera, consciente o no, de revestir a esos fanáticos y sanguinarios criminales de un aura como de clandestino emboscamiento y valentía, un aire de guerrilleros juramentados -todos para uno y uno para todos- no exento de un como brutal heroísmo y desprendimiento porque luchan y se inmolan -e inmolan de paso todo lo que pillan- por una causa investida además, en la hora presente, de antiamericanismo: la yihad o guerra santa… pues si una guerra es santa es sin duda, sobre el papel, preferible a una guerra ilegal, como tantas veces se ha descrito la segunda guerra de Irak que no contó, en un primer momento, con el respaldo de la ONU, ese organismo cuya ecuanimidad causa verdadera y estremecedora admiración, aunque meses más tarde adoptara una resolución para autorizar la permanencia de tropas extranjeras en el país.
El yihadista, en la soledad de la jaima o del apartamento, un modesto cubil, rinde su oración de despedida a Alá, el Todopoderoso, mirando a La Meca, con el kalashnikov en el regazo. Hace sus abluciones ceremoniales, se embebe del rito, le transporta la fe y ya se ve volando hacia el paraíso donde discurren arroyos de leche y miel y las huríes, perfumadas de algalia y opopónace, le recompondrán el cuerpo desmigado a pedacitos por la explosión gracias a las adherentes virtudes de la goma arábiga.

Ellos se consideran yihadistas. Repetirlo en la prensa o en las conversaciones de cafetería es seguirles la corriente y darles la razón. Por esa misma regla de tres habría que llamar gudaris a los terroristas de ETA. Pero nadie, salvo los nacionalistas, es decir, nadie en su sano juicio, tiene bemoles para adoptar esa terminología de manera abierta e indisimulada, ni siquiera hoy cuando se han escenificado tantas galanterías con esos criminales. Si se trata de adoptar el discurso de quienes se producen de manera aberrante, justificándose a sí mismos al describir sus conductas desarregladas, habríamos de llamar, por ejemplo, amantes desbocados a los violadores o incomprendidos admiradores del universo infantil a los pederastas.

Uno se pregunta qué tratamiento darían los medios de comunicación a los integrantes de una hipotética organización terrorista partidaria de una suerte de ultramontano integrismo católico, anteconciliar, sazonado de un furibundo ideario de ultraderecha, que reclamara para sí -y para sus bombazos y ametrallamientos- la condición de genuinos depositarios de la fe cristiana y se intitularan herederos del legendario espíritu de los cruzados que en la Edad Media pretendieron rescatar Tierra Santa para la cristiandad, dirían en sus comunicados, de las infieles garras de Saladino. ¿Les designarían, conforme a su deseo expreso, con el término cruzados o simple y llanamente les llamarían terroristas, esto es, sin reproducir en un involuntario acto penetrado de cierta propaganda inconsciente, su propia y exculpatoria terminología?

Está claro. Y además a nadie se le ocurriría, con semejantes interlocutores, fastidiarnos con rimbombantes y hueras invocaciones al diálogo o a la patochada ésa de la alianza civilizatoria, ni mamarrachadas por el estilo. Si no todos los muertos valen lo mismo, tampoco sus asesinos: los hay mejores y peores. Esto no lo decimos nosotros, lo sugiere a veces la prensa.

viernes, 20 de julio de 2007

¿Médicos terroristas?


Tolerancio no sale de su asombro. La gente, buena y no tanto, anda extrañada, sorprendida por la formación y titulación académicas, revelada por la prensa, de los presuntos terroristas detenidos en el Reino Unido con motivo de un par de atentados fallidos que las fuerzas del orden evitaron a tiempo. Algunos de los sospechosos cursaron estudios universitarios y obtuvieron licencia para ejercer la medicina, ámbito del saber encaminado a sanar los cuerpos dolientes, aquejados de traumatismos o patologías diversas. No obstante esa loabilísima intención no fue precisamente la que animara al también doctor Josef Mengele a experimentar con seres humanos en los barracones de los campos de exterminio aplicando meticulosa y cruelmente sus conocimientos en la materia. Y ponemos éste caso por evidente, pero hubo cientos, en la Alemania nazi y en otros siniestros regímenes.

Hay quién piensa que la adquisición de erudición, de cultura o de competencia técnica específica enriquece espiritualmente a las personas y las hace mejores, más generosas, nobles y capacitadas para experimentar la empatía por las cuitas y porfías de los semejantes. Es una derivación absurda. Fulanito puede conocer mejor que nadie los síntomas de la hepatitis y ser un hacha en su tratamiento, recetar los fármacos más eficaces y al mismo tiempo, en sus horas libres, disfrutar como un verraco babeante mirando películas snuff o consumiendo pornografía infantil por internet. Los registros del ser humano son variados: los hay que pueden deleitarse y emocionarse con una sinfonía arrebatadora, maravillarse ante una pintura de un retratista flamenco del XVII, recitar un poema de Rilke, paladear como un sibarita unos ostrones regados con un vino blanco alsaciano y asistir indiferente a un suceso trágico con docenas de víctimas mortales despanzurradas.

No sabíamos que hubiera aptitudes u oficios más propensos que otros a la práctica del terrorismo. Cierto que algunos idiotas, pero de campeonato, inconmensurables gilipollas, han difundido la especie envenenada de que el terrorismo nace de un mar de injusticias y que, efecto bola de nieve, mucha de la gente del común asume como propia, repite la divisa y le sorprende que un médico, en lugar de un paria, ejerza no la medicina sino el terrorismo. Es decir, la necesidad económica, la miseria como génesis del terrorismo. No hay más que ver las huestes depauperadas, sufrientes y famélicas de los militantes de ETA y sus feligreses, víctimas de una abominable explotación, descamisados, por debajo del nivel mínimo diario de ingesta de proteínas, cociéndose a pinchitos y vinitos en el casco viejo de San Sebastián, esa ciudad al copo de indigentes que parece un bidontown del tercer mundo. ¿Les habría sorprendido menos que los terroristas de marras fueran taxistas, lampistas, recoge-cartones o limpiaparabrisas apostados a pie de semáforo? ¿Qué sucede, que esas gentes más humildes, por serlo, valoran en menos la vida humana, ajena o propia?
No hace falta ser un lince para ver que muchos ideólogos de causas aborrecibles eran personas leídas, instruidas y cultas. Ahí está el paradigmático caso de Pol Pot, que en sus años mozos saboreó los placeres de la alta cultura en las aulas de la Sorbona, y fue años después el inspirador del crimen desconcertante a gran escala, pues en Camboya, bajo su régimen, te daban matarile por tener una bicicleta, llevar lentes, hablar idiomas o lucir unas manos delicadas y sin callosidades.

Habrá quién se crea que el terrorismo se estudia en una Facultad aparte. Que los terroristas rellenan impresos de matriculación y tienen un carnet que les acredita como tales, una vez superadas las prácticas en el Taller de Manualidades Explosivas… carnet que llevan en la billetera tan ricamente junto al de socio de la bolera o de abonado al videoclub de la esquina. Y que, para evitar confusiones y despejar dudas, se pasean por la calle con un cartelito al cuello o una inscripción en la frente que dice Soy terrorista. Y que además se les detecta de un rato lejos porque los muy estirados no hablan del tiempo cuando te los encuentras en el ascensor ¡Qué cara más dura! Y no tienen el menor escrúpulo en declarar su heterodoxa ciencia u oficio cuando les entrevistan en la calle Pelayo por una encuesta comercial o sale su foto en un diario gratuito, pues ese día los reporteros formulan una pregunta de interés cívico a los transeúntes: ¿Qué piensa usted de la presencia de deyecciones caninas en la vía pública?... y responden que el ayuntamiento debería instalar más pipicanes, y debajo de su respuesta figura la siguiente leyenda: Juan Lanas Ochoa, 29 años. BCN. Terrorista muy pero que muy sanguinario. ¿Un médico terrorista?... ¡Qué cosas pasan!

domingo, 15 de julio de 2007

El ministrín mallorquín


Luego de la atinadísima apuesta por María de la Pau Janer, Jaime Matas -dirigente del PP balear, el mismo partido de Alberto Fdez Díaz, baluarte y muro de contención, a lo que se ve poroso, contra la incesante marea nacionalista- pierde la mayoría en las islas y el PSOE mallorquín forma gobierno gracias al respaldo de una ensalada variada de partidos y partidillos, entre 5 y 7, no recordamos la cifra exacta, siendo uno de ellos Unió Mallorquina, de Maria Antonia Munar, socia de Matas durante la legislatura anterior y que en ésta ha optado por otras alianzas, ji, ji, ji. La señora Munar le ha dado el salto a Matas y, coquetuela como Imelda Marcos, lucirá sus joyas, zapatitos y complementos para otras galantes miradas.

Hemos sabido que el consejero de Interior, el ministrín que debe velar por la seguridad de las vidas y haciendas de los mallorquines será el señor Lladó, de ERC. A modo de aviso, para dejar las cosas claras, el interfecto juró o prometió el cargo por imperativo legal -sin aludir significativamente a su conciencia y honor- y sin renunciar expresamente a porfiar por la independencia de los llamados países catalanes. Al señor Lladó no se le puede reprochar su sinceridad a la hora de manifestar sin ambages sus verdaderas pretensiones. El nacionalismo, incluso cuando pastelea o cubre su pelaje lobuno con piel de cordero para mejor pasar desapercibido, es inmediatamente comprensible para una inteligencia mediana. Y cuando se duda de sus explicaciones no hace ascos a utilizar los evidentes argumentos del disparo en la nuca y del trilitazo. El nacionalismo, como el algodón del anuncio televisivo, no engaña, salvo que el receptor del mensaje sea rematadamente imbécil y la imbecilidad, en la amplia familia humana, goza de numerosos adeptos. Un servidor el primero, vaya eso por delante.

El señor Lladó está imputado, eso leemos en la prensa, por asalto, en compañía de un intrépido comando de catalanistas mallorquines, a una propiedad del periodista Pedro J. Ramírez, suceso vandálico y delictivo acaecido el verano pasado. Recordamos la foto del diputado de ERC, señor Joan Puig, en bañador, luciendo un tipazo admirable y con el DNI en la boca, vadeando parte de la abrupta costa insular para mejor acceder a la codiciada finca y darse un chapuzón en la piscina y acaso refrescarse el gaznate con un daiquiri servido en la cristalería diseñada por la mismísima Ágatha Ruiz de la Prada.

Hay quién pone el grito en el cielo ¿Cómo es posible que un delincuente, o presunto delincuente, sea nombrado para un cargo público, ése en particular y no algún otro más inocuo como la conservación de la avifauna lacustre o el reglaje de los silbatos para niños, y tenga a sus órdenes a miles de funcionarios que han velar por el estricto cumplimiento de la ley?
Hay que ser prácticos, pero también optimistas y ver el lado positivo de las cosas, si lo hay. En principio es cosa razonable suponer que no hay perfil más apropiado para un cargo como el de ministrín de Interior que el de un hombre recto, honrado, íntegro, insobornable y dispuesto a perseguir sin descanso, sin dar cuartel, a quienes infringen ordenanzas y leyes. Pero es harto improbable dar con un hombre de tan intachables características, pues si no han desaparecido de entre las filas de la humana estirpe, están sin duda en grave riesgo de extinción. Una vez constatada la ausencia de individuos que personifiquen ese tipo humano, no sería mala cosa recurrir, por qué no y aún tratándose de una apuesta imaginativa, y por apuesta, arriesgada, a los servicios de un presunto delincuente de presuntamente contrastadas aptitudes para el crimen presunto, siempre que haya hecho hondo examen de conciencia y propósito de enmienda, pues nadie mejor que un presunto correligionario de los hampones para conocer sus procedimientos, en criminología modus operandi, y anticiparse a sus pérfidos planes, evitarlos o reprimirlos con la fuerza proporcionada.
La suya, siempre que sea en pro de la ciudadanía y no ejercida de una manera sectaria, puede ser una muy notable gestión -eso es seguro- pues pocos como él se manejan presuntamente en los registros de aquellos a quienes debe impedir su ilícito modo de vida. Pero habrá quien diga que no se debe poner a una zorra a vigilar el gallinero. Y con razón.

sábado, 14 de julio de 2007

Vermont abandona la Unión


Primero fue Croacia, luego Lituania, siempre Québec, más tarde Montenegro y mañana será la Panonia Transdanubiana Ulterior. O Vermont. El estado de Vermont en USA. En efecto, una parte de la sociedad civil del estado de Vermont pretende separarse de la Unión. Quiere ello decir que desde este preciso instante la administración catalana se apresurará a tender puentes hacia ese rincón de Norteamérica y a promover, por solidaridad entre afines, la insospechada causa del soberanismo vermontés en una suerte de garrido desplante al gigante más poderoso del planeta. Y a cargo del presupuesto asignado al departamento de Afers Exteriors les mandaremos a Mikimoto o a Carod Rovira, metidos a itinerantes telepredicadores del nacionalismo étnico, para anunciar a los indígenas la buena nueva del separatismo intercontinental.

El inopinado secesionismo oriundo de ese minúsculo estado de la Unión -minúsculo, claro es, comparado con los Estados Unidos, pues Vermont tiene una extensión de unos 24.000 kms cuadrados, un poco menos que Cataluña- demuestra una cosa de manera irrefutable: que la estupidez, ya lo sabíamos, no necesita pasaporte pues se difunde cómodamente por todos los rincones del ancho mundo. Vermont no es una excepción. Es un estado fronterizo con Canadá, tocando a Québec, y cabe que por las porosas fronteras se haya filtrado el afán patriótico de la provincia francófona vecina, aunque desconocemos el respaldo real a la independencia entre sus gentes, unos 650.000 habitantes, siendo el estado menos poblado de la Unión, o eso dice la enciclopedia consultada.
La corriente de simpatía Cataluña/Vermont es cosa inminente y segura. No obstante, simpatía no implica similitud. Los separatistas vermonteses lo tienen en colorines habida cuenta del desequilibrio de fuerzas frente al colosal poderío del gobierno federal. Un puñado de valientes contra la primera potencia del mundo.

Nuestros separatistas tienen, en cambio, más posibilidades. Avanzan hacia la independencia paso a paso. A veces parece lejana, pero otras ponen la directa y van quemando etapas: la educación en sus manos desde hace décadas, nuevas hornadas de patriotas alevines a cada promoción escolar, manipulación sistemática y descarada de la historia convertida en historia oficial, anuencia y complicidad activa de las altas finanzas y de los medios de comunicación, un nuevo estatuto de autonomía que será vergonzosamente ratificado por el Tribunal Constitucional (previa aprobación del Parlamento, a pesar de la anunciada negativa en su día de Alfonso Guerra y 40 diputados jacobinos del PSOE amotinados en la sombra, tan en la sombra que no se les vio dar la cara por parte alguna) y el redoblado impulso de la Agencia Tributaria catalana ya con plenos poderes y competencias. Aquí la táctica ha sido forzar la ley y convertir en ley la vulneración de la misma con el beneplácito, curiosamente, de los más altos y representativos organismos jurídicos.
Y no están solos. Su causa no es la de David contra Goliat, pues media un abismo entre la correlación de fuerzas Vermont/USA y Cataluña/España. Cuentan los nuestros, además, con aliados en otras regiones que pretenden lo mismo para sí y actúan a veces concertadamente:

-apoyo de ETA pactado en Perpiñán al nuevo estatuto de autonomía, es decir, tregua geográfica a cambio de cierta promoción institucional de sus reivindicaciones en los medios públicos de comunicación (entrevistas, documentales, noticias sesgadas, etc),
-el gobierno de la Xunta de Galicia, PSOE-BNG,
-nuevos compañeros de viaje surgidos tras las elecciones municipales y autonómicas, como el gobierno balear, entregado en bandeja de plata a los catalanistas radicales por el PP, el partido de ese adalid contra el nacionalismo que es Alberto Fernández, el del voto útil,
-o el nuevo estatuto de la nación andaluza, el estatuto tapadera, pactado también alegremente por los conmilitones del señor Alberto Fernández, el guerrero del antifaz del PP catalán.

La pauta la marcó Sabino Arana en su lecho de muerte al abrazar el autonomismo y pasar del profundo desprecio, instintivo, a todas las regiones de España, incluida Cataluña, al afán de colaboración con los nacientes localismos para difundir la semilla del secesionismo por doquier y socavar la apariencia monolítica del estado opresor y su unidad de acción. Se pasó del nosotros contra todos, de la estrategia de la aldea gala de Asterix y Obelix, a dejar a los romanos agujereados como un queso de Gruyére, alentando los particularismos de otras regiones. Es más difícil apagar cinco incendios que prenden concertadamente que no uno, pues obligan a la división de fuerzas y causan cierto desánimo, pues sofocas uno, si puedes, y ya prende otro.
Con diversos frentes abiertos en el dintorno de las fronteras nacionales, sin valorar la desconfianza u hostilidad de los países limítrofes, sólo faltaba la guinda del pastel que es en el caso que nos ocupa la flagrante deserción del actual partido en el gobierno -de talante donjulianista, figura histórica recuperada por algunos a título de precursor- de sus deberes constitucionales en lo tocante a derechos individuales y cohesión nacional. Gobierno central que es hoy, en definitiva, la mejor baza, el más poderoso aliado de los separatistas autóctonos para llevar sus planes de las musas al teatro.

Mientras para los separatistas vermonteses salir de la Unión es ardua tarea -y por eso sus pretensiones nos arrancan una sonrisa indulgente-, tanto como abatir un mastodonte con un tirachinas, para España mantenerse en su integridad territorial parece cosa peliaguda, como atrapar una bacteria microscópica con ayuda de un colador.
No sabemos si los vermonteses se saldrán con la suya. Si el antiguo territorio algonquino se convertirá en una reserva india rodeada por un enemigo superior en número acantonado en la frontera -el cuerpo de marines substituirá al 7º de Caballería de Michigan- y si adoptarán como tótem tribal el castor, el alce o el mapache, o en homenaje al pueblo hermanado de Cataluña, para estrechar vínculos, tallarán un asno en la cabecera del poste de madera policroma alrededor del cual danzarán dando vivas a Free Vermont y compartiendo sirope de ruibarbo en fraternal francachela. Lo que es seguro es que Cataluña será la primera en reconocer al estado soberano de Vermont en el concierto de las naciones y la primera en abrir una oficina diplomática con rango de embajada.

jueves, 12 de julio de 2007

¿Montilla subtitulado en TV3?


ERC pretende subtitular en catalán a todas aquellas personas que hablen en castellano en las emisiones de TV3 y de BTV. La iniciativa es un nuevo acto hostil del nacionalismo. Una agresión más, un insulto al sentido común, es decir, por las características citadas, un acto propio, paradigmático, del nacionalismo excluyente. Sólo que revestido de una imbecilidad superior a la media a la que estamos resignadamente acostumbrados. Semejante propuesta es una humillación no sólo para los catalanes que hablan habitualmente en castellano, sino para todos, salvo para los nacionalistas que brindan con cava a cada discriminación que entra a formar parte de la vida cotidiana, como en su día brindaron por la animalada de las multas a los rótulos comerciales, fugaz polémica, por otra parte, asimilada ya e interiorizada como algo normal por la mayoría.
Fuera de Cataluña, el gobierno ZP y sus medios conniventes nos dirán que eso de los subtítulos es una exageración, que tal cosa nunca sucederá y que no pasa de ser una excentricidad, una anécdota insignificante y añadirán que nuestras prevenciones son injustificadas o apocalípticas y que, aún dándose ese supuesto en el futuro, los derechos lingüísticos de todos los ciudadanos estarán plenamente garantizados.

Aún no sabemos si el grupo de Montilla ha desautorizado tamaño disparate, que no lo es en absoluto desde una óptica nacionalista, ávida de discriminaciones y por ello coherente, pues semejante disposición pretende decirnos en el fondo que la diferencia es tal entre una lengua y otra, y, en definitiva, que es lo que importa, entre quienes las hablan, que la mutua comprensión precisa una traducción simultánea. Y que debemos optar por la lengua normativa, incontaminada, la buena, bajo pena de quedar relegados a la marginalidad social en la periferia del sistema. Que el bilingüismo catalán/castellano, el dominio simultáneo de ambos idiomas es una anomalía esquizolingüística a sanar y no será en adelante fruto o resultado de la normalidad de la convivencia cotidiana y de factores como la herencia histórica, las singularidades familiares o la libre voluntad de los individuos, sino del mero aprendizaje -fuera de horas lectivas, claro- en la misma medida que podemos conocer con mayor o menor soltura cualquier otro idioma extranjero -como el urdu- impropio, según reza la terminología nacionalista, del territorio.

No sabemos cómo se las ingeniarán para subtitular en tiempo real a aquellas personas que en conexiones televisivas en directo se expresen en castellano, tanto si entrevistan al testigo anónimo de un suceso reciente al que acuden con prontitud los reporteros con sus cámaras, como si arrancan una declaración informal, micrófono en mano, al mismísimo ZP, a su Majestad el Rey, camino de una montería con su escopeta al hombro y la mar de feliz por el nacimiento de su enésimo nieto o al presidente boliviano, Evo Morales, obcecado en sus delirantes fantasías helvéticas. Acaso el reportero destacado al escenario de la noticia habrá de girarse hacia la cámara aprovechando las pausas de tan relevantes entrevistados para proceder a una traducción inmediata, de urgencia, en aras de la innecesaria comprensión de los telespectadores.
Tampoco habrían de descuidar el recuadro inferior derecho de la pantalla destinado a las personas que precisan del lenguaje de los gestos, del que ya hay una versión diferenciada para los sordomudos catalanes, que en lo sucesivo habrán de manejarse en varios códigos si aspiran a entenderse con personas de otras regiones que padezcan el mismo problema.

El día que subtitulen en catalán en TV 3 o en BTV a quienes hablen en castellano, y nos echen un hipotético reportaje sobre los orígenes de Montilla, con imágenes de Iznájar y comarca, con sus paisajes y sus gentes, y nos encuadren a un condiscípulo de su etapa escolar o hable su madre, si es que aún vive, y susurre a la cámara la canción de cuna con la que adormecía años ha al pequeño Montilla, nuestro presidente respirará aliviado al fin, pues esas letras impresas sobre la pantalla serán la prueba inequívoca, irrefutable, de que ya no pertenece a ese mundo que dejó atrás y que a veces le persigue como una sombra insolente que se niega a desgajarse de él y que subrepticiamente coloniza sus sueños y le sobresalta en inquietantes pesadillas. Por fin podrá soltar amarras y alejarse de su pasado para siempre. Si es que no le subtitulan también a él, pues aunque hace progresos el nivel C se le resiste lo suyo.

martes, 10 de julio de 2007

AL DICTADO

Nos cuentan que el gobierno pactó con ETA los párrafos más importantes de la áulica comparecencia de ZP ante los medios de comunicación en un pasillo del Congreso, entre la cafetería y el baño de señoras, donde anunció el inicio de un proceso de diálogo con los terroristas. Ese anuncio fue luego bendecido y ratificado por la mayoría parlamentaria y por la práctica totalidad de la prensa. Proceso que ha traído cola y que aún dará que hablar.

El gobierno se ha empecinado en decir que no ha habido negociación, ni rendición, ni contrapartidas políticas a cambio del cese de atentados y que ETA está más debilitada que nunca pues se han practicado detenciones por docenas. Otros sospechamos todo lo contrario: que, en efecto, ha habido negociaciones y contrapartidas sustanciadas en gestos evidentes como los paseos matinales de De Juana Chaos del brazo de su esbelta novia, guiños y piropos a Otegui, ese hombre de paz, traslado del proceso de paz a la eurocámara, un hito más en el descrédito internacional de España, presentación de candidaturas de ANV -ésta sí, ésta no- en las últimas elecciones municipales, soplos policiales a los publicanos de ETA que recaudan el llamado impuesto revolucionario, solicitud de condenas edulcoradas a través de la fiscalía para etarras procesados y un sinfín de cosas más.

Las pruebas de que no se ha cedido, según el gobierno y prensa afín, son el bombazo de la T-4 de Barajas y el último comunicado de ETA dando por concluida la tregua. Pero eso no quiere decir que no se haya cedido, sino que no se ha cedido bastante. Incluso el Fiscal General insinúa que han sido demasiado duros y que se pasaron impugnando candidaturas. Que se les fue la mano. Lo anterior sólo tiene caso si pensamos que realmente han terminado dichos contactos o negociaciones, con o sin actas de por medio. Que es mucho presumir, pues si es cierto, nos dicen, que uno no se puede fiar de la banda, mendaz por naturaleza, también puede ser que mienta ahora cuando dice que el diálogo llegó a su fin.

Que la tregua ha sido una tomadura de pelo cualquiera lo ve, pues ETA se ha rearmado hasta los dientes, ha robado pistolas, explosivos y de paso cremas anti-medusa, ha extorsionado a empresarios y sembrado de fuego algunos municipios a través de su primera línea de terroristas callejeros. Y para cerrar plaza ha asesinado a tres personas, trágicos accidentes, ZP dixit, mientras mantenía la tregua formalmente, sosteniendo que se podía negociar con los emisarios gubernamentales y despanzurrar gente, sin que una cosa contradijera la otra.
Nos dicen que el gobierno pactó con ETA el contenido del solemne discurso que diera en su día ZP junto a la cafetería del Congreso. También que ZP es un pelín calmoso y más vago que la chaqueta de un guardia y que por eso, meses atrás, estaba fatigado el pobre, suspendió un viaje oficial a Polonia, destino que no es de su agrado pues a la que asoma por allí los hermanitos Kaczynski le ponen mirando a Varsovia. Pero no sabíamos que lo fuera tanto, vago hasta el punto de dejar que los terroristas de ETA le escriban los discursos al presidente del gobierno de España.

domingo, 8 de julio de 2007

Montilla no va a los toros


Resulta que la taurina es la señora de Montilla. Al Molt Honorable President de la Generalitat, señor Josep Montilla, no le gustan los toros. Prefiere el fútbol, por eso no acudió a la Monumental el pasado 17 de junio para presenciar la reaparición del idolatrado diestro José Tomás. Prefirió el palco del Nou Estadi de Tarragona donde el Barça dirimía sus posibilidades de proclamarse campeón de liga.
Fue su señora la que ovacionó a los matadores desde el tendido. No sabemos si a los toros llevó o no la minifalda, que fue ésa la canción más pegadiza del verano años ha, cuando el señor Montilla meditaba en silencio su paso del eurocomunismo al eurosocialismo, como ahora medita su servil adhesión al nacionalismo. Siempre en silencio, pues Montilla lo hace todo muy calladamente. Incluso cuando habla, pues parece un muñeco al que separa los labios un ventrílocuo invisible.

Tolerancio, muy discreto taurino, vio a Montilla hará un par de años en La Monumental. Era la Feria de la Mercé y entre otros toreaba Serafín Marín, diestro autóctono nacido con buena disposición para el ruedo porque no hay festejo en que no ruede por la arena del coso embestido o volteado por el morlaco. Aún no era Montilla presidente y, aunque su partido ya había aportado suficientes votos al pleno consistorial para declarar Barcelona ciudad antitaurina por iniciativa de ERC y de los ecosocialistas de ICV de la señora Mayol y de su marido, el ecotorturador Saura, armaba entonces guiños no nacionalistas de cara a la galería..

Es evidente que en la creciente marea antitaurina que nos azota, al margen de consideraciones zoófilas -no las bizarras para los más degenerados- que velan supuestamente por la calidad de vida, que es mucha, de los toros de lidia en la amplia dehesa, y sobre la calidad de su muerte, olvidando a los pollos electrocutados en granjas avícolas en hornadas de varios miles de individuos -que no tienen quien les llore, pío, pío- hay un componente nacionalista que asimila, y se sale con la suya, las corridas de toros con la malhadada España, ese aborrecible engendro histórico. Y por eso hay que marcar distancias con la Fiesta aunque Cataluña haya tenido una secular tradición taurina.

La corrida del 17-J venía precedida de mucha expectación. Era todo un acontecimiento, un pulso que las menguantes mesnadas taurinas pretendían sostener con la Cataluña oficial, y hostil a la Fiesta, diseñada por el nacionalismo desde hace tres décadas y que colisiona frontalmente con la idea de España, ésa u otra que Pepe Rubianes mandaría de su grado al campanario de un bombazo. Y claro, Montilla no podía dejarse ver en compañía de la turba vociferante de gentuza casposa y españoloide que jalea a esos criminales embutidos en llameantes trajes de luces. Pero… por mucho que Montilla se esfuerce en alejarse, en escindirse de sí mismo en una suerte de viaje astral identitario, nunca le perdonarán que sea un converso, un charnego agradecido que ha ensuciado la más alta magistratura que ha de velar por la pureza de la casta.

Montilla, abonado al tendido en otras ocasiones, como un torero malo saltó al burladero para que no le corneara el bravío cornúpeta de la inoportunidad. Como un maletilla entre melindroso y titubeante, incapaz de citar al toro con temple berroqueño y estatuario, de dar un pase, un muletazo, se escondió diciendo a través de su gabinete de prensa que no acudiría al festejo porque en Cataluña no hay verdadera afición y enviando de tapadillo a su señora, añadiendo con una pizca de mala conciencia, que la auténtica aficionada es ella. Que no siendo ya doncella la señora de Montilla, nos recuerda su marido a los atenienses que facturaban anualmente una docena de sus hijas innúbiles rumbo al palacio del rey Minos como tributo impuesto tras una batalla perdida para saciar el voraz apetito del híbrido y cornudo monstruo del laberinto.

A Montilla, que le chiflan los toros, aunque ya no los ve ni desde la barrera, no se le espera en la plaza. Su señora graba en video, nos dicen, todas las corridas para que su maridito se las mire clandestinamente en el saloncito de casa, tomándose un finito, diciendo olé muy bajito a cada capotazo del diestro para no delatarse y que no le descubran los vecinos, ni siquiera los guardaespaldas.

viernes, 6 de julio de 2007

Nacido el 4 de julio


De los niños se han dicho muchas cosas. Que venían de París. Que los traía la cigüeña. Que locos, borrachos y niños son los únicos que siempre dicen la verdad. Y que nacían antaño con un pan bajo el brazo. Desde el 4 de julio de 2007, día de la Fiesta Nacional de los Estados Unidos y también del debate sobre el estado de la Nación celebrado en el parlamento en el tercer aniversario de la victoriosa era zapatero, los niños vienen a este valle de lágrimas que es la vida, y que en adelante lo será menos, con dos mil quinientos euros en su faldriquera, que son los pañales. Desde el 4 de julio, porque los nacidos el 3, o en días anteriores, no entran en la mejora… razón por la que Tolerancio recomienda que los padres más necesitados e irritados por esa discriminación cronológica absurda se hagan los remolones a la hora de inscribir a su peque en el Registro Civil o se las ingenien para que conste en los papeles oficiales la fecha apetecida.

Lucina, diosa romana de los partos, con su corona de diétamo, planta favorecedora de los alumbramientos según la herboristería y la farmacopea antiguas, alucinada asiste a los nacimientos habidos desde las 0 horas del día de tan novedoso anuncio. El ruido que oye la diosa no es el llanto del recién nacido sino el tintineo musical de los euros que trae consigo y que ruedan por el paritorio como las monedas de la máquina tragaperras al dar el premio.

No habrá influido en la disposición gubernamental la proximidad de las elecciones generales para congraciarse con buena parte del electorado, sea cual sea su renta -pues parece que la ayuda será la misma para personas humildes que de posibles-, su procedencia o nacionalidad, bastando con la tenencia reglada de los papeles de residencia para beneficiarse de ella, ni con características de los padres, pues la subvención será universal y cubrirá por igual a padres biológicos que adoptivos. No quiere decir que las mujeres desde ahora vayan a dar a luz a destajo para convertirse en una caja registradora, pero una ayudita nunca viene mal. Con esa suma se pueden costear los pañales que necesita el niño en los primeros meses de crianza. Sería preferible, no obstante, que los pañales no estuvieran gravados con un IVA de artículo de lujo y que las ayudas a la familia se gestionaran de un modo distinto y racional, a través de diversas deducciones fiscales y de mejoras en la prestación de servicios, de tal suerte que no sonara la iniciativa del gobierno a una dádiva que agradecer sonrientes con la gorrilla en la mano e inclinando sumisos la cabeza ante semejante rapto de generosidad.

No será la medida anunciada por ZP en la tribuna parlamentaria -adoptando ese aire jovial de cuidador del acuario que ofrece sardinas a las focas amaestradas que ejecutan a la perfección las cabriolas y monerías que el público espera de la dóciles y simpatiquísimas bestezuelas- un ardid para desviar la atención de las turbias conchabanzas del ejecutivo, con o sin actas de por medio, con los terroristas de ETA o del inminente pacto con los anexionistas de Nafarroa-EZ para repartirse el gobierno foral. Pero lo cierto es que una hora, un minuto, un segundo apenas, bastan para diferenciar al niño que nace con una libreta de ahorros en la mano -con un asiento de 2.500 €- del niño que cuesta eso y más al nacer.

Nacido el 4 de julio: 2.500 €.
Nacido el 3 de julio: una m… “pa” tu p… madre
(rellene usted la línea de puntos).

miércoles, 4 de julio de 2007

Poveda da el cante


Miguel Poveda es cantaor de flamenco y por eso da el cante. Es catalán y una figura indiscutible del panorama flamenco. Acudirá a la Feria de Frankfurt para dar un recital junto a María del Mar Bonet. Poveda, arrancándose por peteneras, ha declarado que la polémica acerca de la inasistencia de escritores catalanes en lengua castellana es culpa de los políticos. Que él se siente catalán y que hace cultura catalana aún cantando en castellano. Y que no tiene el menor problema en ir allá para interpretar el poemario que le pongan delante. Cita a la que acudirá porque le han invitado, claro es.

No hay por qué dar explicaciones, Miguelín. Todos los regímenes han contado con la ayuda propagandista de muchos y grandes pensadores y artistas. Regímenes incluso menos presentables que éste nuestro, el del nacionalismo excluyente, en términos de respeto a los derechos civiles y políticos e incluso a la vida misma de sus ciudadanos o súbditos. Siempre contarán con voluntariosos partidarios o con tontos útiles que les harán el juego y les darán cobertura para su dignificación intelectual. El salario del servilismo oscila entre el jugoso favor de la subvención vitalicia y el terror pánico al ostracismo artístico. Recordemos una escena ilustrativa para casi todo tiempo y lugar de la película La vida de los otros, aún en cartelera, cuando el agente de la Stasi, antes de cambiar de bando, le dice en el transcurso de un interrogatorio a la bella protagonista que es actriz teatral: el partido decide quién representa (las obras, se entiende, como premio a su fidelidad). Así fue, así es y así será, aquí y en Sebastopol.

Lo que irrita de la declaración de Miguel Poveda (diario El Mundo, 30/06/07) es su pretendida apariencia de outsider, de forajido, de tipo comprometido que habla claro… y no dice nada. Porque señalar la culpabilidad de los políticos, sin decir cuáles, nos recuerda a ese delincuente avispado y ventajista que ante el tribunal echa la culpa a la sociedad de la comisión de sus delitos porque el mundo me ha hecho así, proyectando su responsabilidad directa como hombre adulto a un ente abstracto y vaporoso que, como tal, puede recibir de los demás toneladas de sucedumbre sin incomodarse demasiado. ¿Es cierto que usted le dio trescientos hachazos a su suegra? Soy inocente. Esta sociedad machista es la culpable. En realidad no era yo quien asestaba esos hachazos.
Echar la culpa a la clase política en este asunto en particular es una espantada, una larga cambiada cobardona y escapista, y por eso precisamente, por no especificar qué políticos, constituye un acto de sumisión a los mismos, es decir, a los que tienen la sartén por el mango. Algo que repite todo aquel que procura quedar divinamente pero sin mojarse en absoluto.

Convengamos a modo de ejemplo que la presencia española en la guerra de Irak -no la primera, allá por 1991, con soldados de reemplazo, sino ésta más reciente, la de la foto de la Azores- fue un monumental error, tanto si nuestras tropas participaron en hechos de armas como si se limitaron a posteriores tareas de pacificación o reconstrucción. Ese matiz no hace al caso que proponemos. Nadie dirá que dicho error lo fue por la inconsciencia de los políticos, de la clase política en general. De hecho si consideramos que fue una garrafal metedura de pata señalaremos a los políticos que creamos responsables: Aznar y el gobierno del PP en este caso, pues los políticos tienen nombre y apellidos. Pero valdrían otros muchos ejemplos.
Miguel Poveda, aparentando firmeza y osadía en su juicio, no hace más que lavarse las manos y esconder la cabeza bajo tierra y el cante jondo, su quejío, el martinete rotundo o el fandango áspero y contundente, se queda en una bulería, en una coplilla aromatizada de caramelo que acompaña dando palmas lisonjeras. No tiene bemoles o perendengues para decir que la culpa es de los políticos, pero de los políticos nacionalistas, claro, que son los únicos responsables del estropicio. Salvo que se quite la careta y nos diga que es un cantaor soberanista y que está encantado con las exclusiones y la visión sesgada que da de la cultura catalana la administración autonómica que costea su billete de avión y la factura hotelera.

Da palmas, Poveda, que no se diga… para alegrarle la juerguecita flamenca a los señoritos feriantes. Arsa que toma y olé.

lunes, 2 de julio de 2007

Club de Fans del Defensor del Pueblo

Por una vez leemos algo cabal en la prensa. En efecto, según el diario gratuito 20 Minutos, martes 26 de junio (minutaje excesivo, pues bastan 10 para ojearlo, el doble de tiempo que requiere El Periódico de Cataluña) el Defensor del Pueblo, señor Múgica Herzog, propone eliminar el tuteo alumno/profesor en el ámbito de la Educación.

Es noticia que algo tan elemental y obvio sea noticia, pero el colectivo es el que es, gracias a muchos factores que sería prolijo y engorroso enumerar, y andamos algo ayunos de luces y criterio. Pero nos felicitamos de que alguien diga el rey va desnudo cuando va desnudo -aunque lleve al hombro una bien calibrada escopeta de caza para abatir venados y osos balcánicos, pero ésa es otra historia-.
Su razonamiento es impecable: la supresión del tuteo habría de restablecer, en parte, el respeto perdido al docente y un sentido mínimo de la disciplina para habilitar el aprendizaje, que es la misión, en definitiva, de la escuela, reduciendo de ese modo el preocupante aumento de violencia en las aulas. Nos llega al momento la queja de los enojados pedagogos de la más desatada progresía echando pestes de semejante iniciativa por retardataria, apolillada y caduca, copiada, dirán, de los mensajes de Sarkozy en las pasadas elecciones.
Nos dirán que no se respeta más a una persona por adoptar el trato de cortesía cuando a ella nos dirigimos -¿Cómo que no?-. Y que el respeto es además cosa íntima y privada -no nos interesan sus intimidades, señores-. Sólo un fulano imbecilizado intensivamente puede discutir que el respeto entre personas (aún siendo niños y adultos) ha de tener una expresión pública. Son los mismos que nos dicen, respecto del matrimonio como institución, sea religioso o civil, que no se quiere más a una persona porque lo diga un papel -ni menos-… pero es preferible que determinadas cosas consten en un papelito, en un documento, por ejemplo, la paternidad o custodia legal de un menor, de tal suerte que no está de más poder demostrar que Luisito es nuestro hijo cuando solicitamos una beca al estudio o le inscribimos en una guardería municipal, si alguna hay. Y no querremos menos a Luisito porque un documento debidamente compulsado certifique que es nuestro amado retoño.

El sentido común no obedece a banderías políticas, pero habrá que añadir que la verdadera concepción progresista y eficaz de la educación, o mejor, de la instrucción, es aquella que sostiene que la calidad de la enseñanza pública es un bien a proteger con buen juicio. Pues una enseñanza pública eficaz es una de las pocas herramientas de que disponen las personas de extracción modesta o humilde, que no pueden costear matrículas en escuelas de postín y rancia tradición, para procurar la promoción social de sus hijos. Una enseñanza pública devaluada, con chicos desmotivados que pasan de curso suspendiendo la mitad de las asignaturas y que no prestan atención al profe a quien pueden tutear y tratar como a un igual, que es lo que ha sucedido de un tiempo a esta parte al amparo de las tendencias no progresistas sino progres en la educación, empeoran el nivel académico del alumnado confinándolo de por vida a la incultura o a poco más que la alfabetización funcional para mejor digerir mensajes facilones y repetir lemas y consignas de ínfimo nivel difundidos por los mass-media.

Ya era hora de que un cargo público escapara a la moda dominante de la idiotez consensuada, sin enmienda. Si a ello unimos la intachable actitud del Defensor del Pueblo frente a los atropellos de los nacionalismos excluyentes e insolidarios interponiendo recursos de inconstitucionalidad a delirantes redactados estatutarios y a su determinación y firmeza frente a los terroristas y frente a las traiciones varias de sus propios compañeros de partido… hemos de concluir que es uno de los pocos políticos en activo que merece homenaje y reconocimiento de la ciudadanía.

Por ello Tolerancio funda aquí el club de fans del Defensor de Pueblo y se postula para presidirlo. En breves fechas abriremos el plazo de inscripción.