miércoles, 9 de septiembre de 2009

La Diada... otra vez


11-S. La Diada... otra vez. Horas de intensa lobotomización nacionalista. Empacho estacional de un simbolismo sesgado y artificioso (más o menos como todos los simbolismos). Este año la Diada nacionalista trae abundante guarnición de proclamas revoltosas: personalidades del gobierno regional con hechuras de hampones encampanados, que, sin ruborizarse, amenazan a diario con echarse al monte si es non grata la no nata sentencia del Tribunal Constitucional. Manos al cinto, aire engallado, promueven la desobediencia del aún ignoto fallo mediante manifestaciones preventivas… -expresión de bélicas resonancias: guerras preventivas-… para presionar a los magistrados. Razón por la que habrían de ser inhabilitados de por vida para desempeñar cargo público. Son los mismos tiranuelos de salón que instan a ponerse firmes ante pendejadas como la inmersión lingüística o las multas a rótulos comerciales porque, dicen, son ley.

Poco importa que los catalanes dieran el sí quiero mayoritariamente (por mayoría aplastante) a la Constitución española de 1978, ley de rango superior, que establece la creación de un tribunal, el TC, que en plena libertad habrá de dirimir los recursos interpuestos… es decir, poco importa que se votara una cosa entonces y otra ahora que la contradice de medio a medio… -así de voluble es la condición humana y de permeable a las radiaciones masivas de estupidización nacionalista un amplio segmento de la muy lanar sociedad catalana, y española-… la cuestión es hacer ruido y jugar a quién mea más largo.
Manifestaciones preventivas del todo innecesarias, por otra parte, pues todo ese chorreo de declaraciones vergonzosas para coaccionar al TC ya han cumplido esa preventiva función, es decir, ese guiño mafioso de ojito, que te parto las piernas. Y es claro que Sus Señorías, con sus cuotas y obediencias de partido, alegremente dispuestas a ensuciarse las togas con el polvo del camino, no están por la labor de acabar en silla de ruedas… pues menuda trayectoria la del TC dando el pláceme a engendros horripilantes, sea el caso de las leyes de normalización lingüística.

Pues la historia -la historieta tragicómica- se repite anualmente, también Tolerancio, atendiendo cortésmente las docenas y docenas de peticiones que han colapsado la bandeja de entrada de su correo electrónico, reproduce, abreviada, la bitácora titulada La Diada según Tolerancio en la que esboza una escenificación original y muy edificante de nuestra gansada nacional, especialmente recomendada para la expansión y gaudio de los no nacionalistas, contrapunto a la celebración institucional y que habría de servir de terapia para mitigar la insoportable intoxicación catalanista que se respira en tan señaladas fechas.


La Diada según Tolerancio (septiembre 2008)


Mucho se ha debatido acerca de la Diada estos últimos días, debate que se repite anualmente. Como en aquella película, Atrapado en el tiempo, en que Bill Murray despierta una y otra vez en el mismo día y le suceden las mismas cosas. Una marmota y la bellísima Andie McDowell andan implicadas en el asunto.

Se repiten las mismas escenas: abucheos e insultos a las delegaciones que acuden a depositar su ofrenda floral ante la estatua de Rafael Casanova. Quema impune de banderas españolas, gritos a favor de la independencia, de ETA, pasividad de los mossos d’esquadra… todo conforme al gusto y guión habituales del separatismo tronado y alienígena. Sorprende que los radicales congregados en el lugar, que se desahogan de lo lindo berreando como posesos, llamen botiflers o espanyols incluso a las comitivas, nada más y nada menos, de CiU y de ERC… ¿Qué lindezas no le dirían a este humilde no nacionalista si supieran de él y le arrinconaran en un callejón?

Asombra por otro lado que los nacionalistas rabiosos, los energúmenos apostados ante el monumento, no premien con vítores y aplausos a Montilla, que no siendo de los suyos, hace más por la causa que muchos de sus correligionarios. Lo que demuestra la ingratitud del papel de tropa auxiliar. Nunca se reconocen suficientemente los servicios a esos oteadores sioux o apache que lleva en avanzadilla el Séptimo de Caballería de Michigan, ataviados con casaca azul pero con su tradicional tocado de plumas. Los sonderkommando podrán ser tolerados, agasajados, pero nunca admitidos en la familia. Jamás les casarán con la pubilla.

Siempre nos dijeron que la gente de amplias miras, de espíritu crítico, rebelde y contestataria, acude a los mitos para desmitificarlos, como acude al quite el toro de lidia. Rebufando y embistiendo con todo. Salvo, cómo no, en Cataluña, donde la progresía, esa gente que se jacta de transitar otros caminos, de rehuir tópicos y lugares comunes, se cuadra ante mitos y símbolos y todo el refrito patrio cocinado durante el tardo-romanticismo decimonónico, más vigente en casa que en ningún otro lugar del planeta, dando un seco taconazo, ar, como lo haría un apolillado visigodo, lanza en ristre, ante la tumba de don Pelayo.

Esta bitácora no pretende contender en el campo del historicismo. Asumido que la guerra fue de Sucesión, que no de Secesión… -confundida en ocasiones con la guerra civil americana entre unionistas y confederados-… que austracistas y borbónicos los hubo por todas partes, también en Cataluña, y que Casanova no murió en el sitio de Barcelona, sino que, herido, puso pies en polvorosa y la espichó años más tarde, de viejecito, postrado en su lecho tras obtener el perdón real… toca afrontar sin más demora la fase más delicada: la desmitificación o desacralización simbólica de la quermés patriótica, aunque de arriesgada ejecución, pues propiciará la iracunda reacción del establishment catalanista… una reacción rayana en la vesania homicida que procurará el empalamiento en plaza pública de los provocadores iconoclastas en caso de ser interceptados.
Conviene, pues, proceder de manera resuelta, con desparpajo, para confundir al rival, mermando su capacidad de reacción, que será la mejor forma de salvar el pellejo aprovechando la inacción o parálisis connatural al shock infligido.

Para explicar el formato de Diada que propone Tolerancio hay que efectuar unas consideraciones previas que serán a su vez los ingredientes que, en su justa medida combinados, darán con el cóctel definitivo:

-Una actividad lúdica que funciona de un tiempo a esta parte y que goza del rango de actividad cultural de interés turístico es la actualización del pasado mediante ferias medievales con gran profusión de tenderetes de artesanía o recreaciones de batallas famosas, siendo muy nombrada una que se celebra en Galicia -no recordamos la localidad, acaso Catoira- que, con la excusa de un documentado ataque vikingo, aprovechan lugareños y visitantes para agarrar un tablón de campeonato a base morapio y de birra generosamente escanciados. Son propuestas llamadas participativas pues pretenden la activa implicación de la gente.

-No hay mejor gancho para atraer al personal que el fútbol, el deporte rey, si exceptuamos los concursos de miss camiseta mojada.

Ya tenemos los ingredientes. Ahora solo falta agitar la coctelera y… voilà:

1-Se alquila un pabellón deportivo por unas horas, omitiendo con tiento y pillería la verdadera finalidad del acto.

2-El día anterior aparece insertado en la prensa un anuncio convocando al heterodoxo evento: hora, lugar y sucinta descripción de las características del mismo. Cuña radiofónica y algo de cartelería distribuida por la calle, en lugares autorizados, desde luego, para evitar multas por incivismo.

3-El público llega a las instalaciones y toma asiento acomodado por voluntarios y servicio de seguridad. Preferible un pabellón cerrado con graderío para, mínimo, 300 o 400 espectadores. Hay que asegurar el lleno tal y como merece tan alta ocasión. También se acreditarán unos cuantos medios para dar cobertura informativa de una Diada que se presume distinta a las demás.

4-Los participantes acudirán al lugar en carrozas. Como suena, en carrozas tiradas por caballos, con su cochero en el traspontín y atuendo dieciochesco. Participantes que son los contendientes porque…

5-… en efecto, la revisión de la Diada según Tolerancio consiste en un partido de fútbol sala o fútbol-7 entre dos equipos, el de los borbones y el de los austrias. Una cámara de TV inmortalizará el momento en que los jugadores, con casacas y pelucas, camisas primorosamente bordadas, pero en calzón corto y con zapatillas deportivas, pondrán pie en el estribo para descender de los carruajes y saltar al terreno de juego que se transmutará en palenque, en campo del honor, en acelerador de partículas retrospectivas donde se rescribirá la historia.

6-Los contendientes se retirarán al vestuario y la espera será amenizada por bellas cortesanas con la cara empolvada de albayalde, corpiños y miriñaques, bailando un minué en medio de la pista a modo de animadoras de época rococó.

7-Al cabo de unos minutos ambos equipos saltarán al terreno de juego acompañados del trío arbitral. No hay evento deportivo sin confraternización de los adversarios, de modo que austrias y borbones, a ambos lados del colegiado*, también con peluca y casaca, pero negra, para diferenciarse de los jugadores de campo, formarán en el centro de la cancha a la espera de oír los himnos en garrida y marcial actitud, tripa adentro, mentón erguido.
Cada equipo contará con un gastador que enarbolará el correspondiente blasón dinástico: por un lado, el águila bicéfala de los Habsburgo y por otro, la flor de lis de la casa de Borbón.

8-Suena el redoble de un tambor. Silencio. Los focos iluminan a los protagonistas del evento… en el graderío se palpa la muda expectación… los jugadores se enlazan de la cintura de un extremo a otro de la fila y a través del hilo musical estallan al fin los compases de… Paquito chocolatero. El público se arranca espontáneamente y corea las simpáticas notas del pasodoble.

9-Las asistencias sanitarias evacuan a toda prisa a un espectador fulminado por un ataque cardíaco. Se trata de un informador de incógnito destacado por los nacionalistas para levantar acta del obsceno sacrilegio. El pobre no resiste la abominable representación.

10-Tras el himno, el árbitro da el pitido inicial y comienza el partido. Ambos equipos evolucionan para obtener el mayor número de goles y llevarse el gato al agua. Los jugadores exhibirán su nombre a la espalda para facilitar la conveniente identificación a los espectadores que de este modo jalearán a sus ídolos o reprocharán, a sus autores, los torpes lances del juego.
De tal suerte que los austracistas podrían disponer sobre el terreno una alineación compuesta por el duque de Medina de Rioseco y conde de Melgar, Rafael Casanova, el Archiduque Carlos, el landgrave Jorge de Darmstadt, el mariscal Starhemberg, como estratega y centrocampista que distribuye juego, el general Moragas por la banda y Manuel Desvalls, Villarroel o Nebot en punta, con Antich Saladrich y Antonio de Berenguer en el banquillo a la espera de una oportunidad. Y los borbones presentar batalla con el duque de Pópuli bajo palos, los mariscales Berwick y Tessé en defensa, el duque de Vendôme o los notarios felipistas José de Marimón y Juan de Alós Ferrer en el centro del campo para enlazar con los arietes Francisco Ametller o Sabater de Copons, conde de Benavent.

Si el partido acaba en empate, se juega prórroga y, si fuera preciso, se tiran penaltis. Si la victoria cae del lado borbónico, la cosa queda como está, pero si la balanza se inclina del lado de los austrias se modifica la historia como en el 1984 de Orwell mediante las oportunas correcciones en los libros de texto. Y así de un año para otro. Mudanza que no es un grave problema en el fondo, pues al fin y al cabo las editoriales cambian sus ediciones de curso en curso, aunque solo sea el color de la cubierta o la ilustración de la página 147 para que los alumnos no puedan utilizar las anteriores.

* Tolerancio se reserva el papel de árbitro en esta mascarada pues uno de sus sueños incumplidos es pitar un partido de fútbol aplicando errónea e injustamente el reglamento, a caso hecho, para provocar las iras del respetable y abandonar el terreno de juego protegido por la fuerza pública.




miércoles, 2 de septiembre de 2009

Oberts al català (Abiertos al catalán)

Martes, 4 de agosto de 2009. Testigo: Tolerancio.

El nacionalismo no descansa ni en agosto. Por mucho que apriete el calor allí están sus agentes, al pie del cañón, batiéndose el cobre en la calle. Tolerancio fue testigo de la estrategia nacionalista dirigida contra un sector clave en la vida cotidiana de su barrio. Estamos en Pueblo Seco, donde viven muchos inmigrantes y, por lo tanto, donde abundan los locutorios. Tolerancio es usuario habitual de esos establecimientos pues carece de conexión a internet en su domicilio.

Una señorita traba conversación con el regente del local… -calle Ricart, esquina Olivo-… de origen paquistaní. La chica, una rubita la mar de mona (Tolerancio le mira el trasero disimuladamente), traslada un carrito y dentro del carrito, tal y como se comprobará al cabo de unos minutos, folletos, afiches varios y pegatinas.

Nuestra laboriosa agente… -hasta entonces creía Tolerancio que era un cliente más a punto de contratar internet a razón de 1 € la hora, recargar el móvil o poner una conferencia telefónica con Beluchistán-… habla en español. No tiene más de 25 años. Tolerancio pone la antena pues le choca que la chica departa durante tanto tiempo con el locutorero.
Y capta la primera andanada. La rubita culito-respingón felicita a nuestro paquistaní porque tiene a la vista el adhesivo de Prohibido Fumar. Muy bien, concede. Enumera otros requisitos que Tolerancio no sintoniza nítidamente pero, llámenlo intuición, desconfianza, llámenlo x… presagia lo que viene después…
… en efecto, la rubia agente advierte a nuestro hombre que las hojas de reclamación deben figurar, es simplemente una recomendación, en inglés, español, hace una pausa… y catalán. A renglón seguido le espeta si conoce este último idioma, si lo habla o entiende. Acabáramos. Lo anterior era el preámbulo. Lo que sigue es el auténtico busilis de tan gentil visita.

Nuestro paqui, permítanme el coloquial gentilicio, por abreviar, tartamudea y admite que no lo habla, pero que lo entiende un poco. Ni una palabra, ya lo decimos, pues Tolerancio frecuenta su local desde hace más de un año y le consta que a ese buen hombre la lengua de Espriu le suena a chino mandarín. Chamullando cuatro palabras en español… -tampoco es un tribuno de la plebe en la lengua de Cervantes-… larga una trola increíble, tanto que ni él mismo se la cree… y dice que una vecina le enseña a ratos un poco de catalán.
¿Será su vecina una de esas voluntarias que ejercen de parejas lingüísticas, no sabemos si con derecho a roce, para inmigrantes patrocinadas conjuntamente por la archisubvencionada entidad catalanista Ómnium Cultural y por CiU?… que, por cierto, presentó a la prensa, meses atrás, un plan conforme al que pondría en circulación la nadería de 90.000 de esos voluntarios concienciados con la difusión apostólica de la lengua catalana y que habría de reclutar entre militantes y simpatizantes, aunque sospechamos que ni de largo cuentan con la décima parte de esa prodigiosa cantidad de efectivos.

Pero la chica tampoco le cree, esa confesión no la ablanda y anota algo en un cuaderno al tiempo que glosa dicha confesión con un piadoso Eso está muy bien. No puede entretenerse ni intimar con nuestro hombre. Va a tiro hecho, sujeta a un plus de productividad, como a destajo, cual una funcionarial agente del estajanovismo lingüístico. Quedan muchos comercios por visitar si quiere completar la ruta minuciosamente preparada. Claro que no hay cansancio ni sufrimiento sino elevada recompensa espiritual cuando hablamos de la construcción nacional de Cataluña. No importa que se funda el termómetro por la chicharrina en plena canícula estival. Qué minucia es ésa enfrentada a tan noble y altruista empresa.

Tolerancio en el ordenador 5 y una cucaracha enorme en el 4, prima lejana de Gregorio Samsa, únicos clientes del locutorio… -el ortóptero se recrea las antenas consultando una web de chatis en bikini y se frota las patitas delanteras-… asisten a las explicaciones que da la chica para tranquilizar a nuestro atribulado paqui, que traga saliva:

-Yo no pongo multas… de eso se encargan otros…-Y esboza una ligera y cautivadora sonrisa.

Y saca del carrito el kit completo de normalización lingüística en el ámbito comercial, específicamente diseñado para locutorios regentados por extranjeros: una pila de alfombrillas para los ratones de los cibernautas con la leyenda Oberts al català, que es el eslogan de la campaña y que cuenta con el logotipo impreso de la Generalidad y el de la autodenominada Federació Catalana del Comerç (Federación Catalana de Comercio), folletos informativos a tutiplén y adhesivos con el mismo diseño que las alfombrillas.
La chica sugiere que las pegatinas están pensadas para el escaparate del local de tal suerte que los transeúntes lo puedan identificar al entrar o al pasar a su lado por la acera. Nuestro paqui, que no es torpe ni lento de reflejos, se levanta de su asiento como propulsado por un resorte, toma uno de los adhesivos, sale a la calle y en un periquete lo planta en la luna para solaz de la inspectora de paisano, que asiente con un gesto aprobatorio.
A nuestro hombre no le tienen que decir las cosas dos veces. Las caza al vuelo. No habla una palabra de catalán, pero sabe dónde está y con quién se juega los monises, aunque esa chica, una monada... -Tolerancio le mira el trasero con glotonería-... sea la cara amable de la represión lingüística.

El distrito de Pueblo Seco cuenta con mucha población de origen inmigrante. Hay un locutorio en cada esquina del barrio y por esos locales, antes o después, desfila un elevado número de residentes. A la mayoría, en particular a los adultos… -sus hijos son escolarizados en la escuela pública monolingüe-… la adopción del catalán como idioma de relación cotidiana o vecinal les importa un pimiento, o un aguacate, pero esa alfombrilla y ese adhesivo ahí realizan una función de penetración en un universo refractario a la difusión de la lengua propia… de Montilla y de su abuela.
Poco a poco, día tras día, mientras mata marcianitos o saliva como un alce empalmado mirando el último video de Beyoncé en Youtube, el logo y su leyenda, Oberts al català, los ve el internauta y el mensaje se va metiendo en su magín según el mecanismo de la publicidad subliminal. Y si no funciona, qué más da, en algo hay que gastar las partidas presupuestarias en tiempos de crisis. La impresión de todo ese material cuesta una pasta y da trabajo a las empresas del sector, de gente de la cuerda preferiblemente… no fotem. Una suerte de Plan-E a escala local.

A los dos días, antes de marchar de vacaciones… -a Tolerancio le aguardan unos baños sensacionales en las transparentes aguas de la bahía de Alcudia-… entra Tolerancio en otro locutorio en la misma calle, Ricart esquina Paralelo. Éste lo regentan sudamericanos. Por allí, cómo no… -pegatina en el escaparate y alfombrillas para el ratón en las mesas-… también pasó la diligente vanguardia del nacionalismo rotulista y comercial, que no acusa ni el calor ni el frío. Ni la lluvia ni la nieve.

Oberts al català, y por descontado, pues es de lo que se trata en realidad, tancats a l’espanyol (cerrados al español)… si es que no acaban todos los comercios cerrados, pero de verdad, por efecto de la crisis. Esa crisis que ante nosotros pasaría de largo por disfrutar de una de las economías más sólidas del universo mundo.
Como dice el refrán muerto el perro, se acabó la rabia. Pues cerrados los comercios ya no quedarán locales que inspeccionar y rótulos que multar. Por supuesto que exagera Tolerancio, pero reproduce aquí el titular de una crónica periodística del diario El Mundo del 24/05/09. Tiene el recorte delante de sus narices: La crisis obliga a cerrar un centenar de comercios al día en Cataluña. El subtítulo dice: Electrodomésticos, menaje y textil son los sectores más perjudicados. ¿A quién multarán a este paso?







viernes, 28 de agosto de 2009

Cartas al director


Reproducimos íntegramente dos Cartas al director. Ambas abordan desde diferente perspectiva las delirantes consecuencias de la política monolingüe obligatoria aplicada indistintamente por nacionalistas y socialistas. Una fue publicada el 26 de julio por el diario El Mundo en su edición Cataluña, y la otra, enviada al mismo rotativo, permanece inédita.
La primera carta la firma Atsushi Fukazawa, llena de lógica y de sentido común. No hemos solicitado permiso al autor para incluirla en esta bitácora, pero confiamos en que no agarre un berrinche de aúpa ni nos pida royalties por mandato de la SGAE.
La segunda es cosa de Tolerancio que aprovecha la ocasión para dar, gratis total, un consejo al señor Durán Lleida tras leer una jugosa entrevista que el político catalanista, nacido en Huesca, concedió días atrás al citado medio en la sección que lleva por título En camisa de once varas.


1.-Atsushi Fukazawa

Sr. Director:

Imagínese que se traslada a mi país, Japón, con sus hijos en edad escolar. Y los escolariza con la ilusión de darles la oportunidad de aprender japonés. Pero se encuentra con que todos los colegios imparten clase en una lengua regional japonesa y que no encuentra ninguno con el japonés como lengua vehicular. Y que al preguntar por qué no hay centros donde se imparta la enseñanza en la lengua oficial y común del Estado, le digan que hay que proteger no sé qué y que es una especie de revancha contra no sé quién que hizo que hace más de 50 años esa lengua regional estuviera perseguida.

Pues bien, esto me ha ocurrido en Barcelona, donde actualmente no hay colegios en los que la lengua vehicular sea el castellano. Ni públicos, ni concertados, ni privados. En mi país todo el mundo entendería que usted no tuviera ningún interés en que sus hijos aprendieran una lengua regional, pero sí japonés. Y aquí, en España, no entienden que nosotros queramos aprender español y no catalán.


2.- Tolerancio

Sr.Director:

Leemos en la sección de su diario En camisa de once varas, domingo 16 de agosto, que el señor Durán Lleida se lamenta de la escasa receptividad de sus hijas a ciertas recomendaciones paternas. En concreto afirma el político nacionalista: “Cuando les insisto con el catalán mis hijas pasan de mí”.

Según las reglas de la tragedia clásica los hijos heredan la culpa de los padres. Es lo que algunos cosechan por su insistencia y su obsesión monomaníaca. A Durán le gustaría que las niñas hablaran más catalán. Un consejo: que pruebe lo que han promovido él y su partido, también otros, aprobando determinadas leyes: a multarlas… o retirarles la asignación semanal. Salvo que nuestro prohombre de la patria sea de esos que quieren para otros lo que no desean para sí… o para sus hijas.


viernes, 21 de agosto de 2009

Atentados (y atontados) de verano


Estas son las ideas-fuerza de la presente bitácora:

1.- Carod Rovira y ETA no consultan el mismo atlas.
2.- Basagoiti y la mierda con D.O.

Algunas de las observaciones de esta bitácora tienen su precedente en el asesinato del inspector de Policía Eduardo Puelles perpetrado por ETA a principios de verano. ETA adosó el explosivo bajo el coche del agente. Al arrancar, estalló el artefacto y Eduardo Puelles murió abrasado.

La prensa publicó… -recordamos la portada del diario El Mundo-… una foto del vehículo convertido en un amasijo de hierros, aparcado en una curva de una calle en las afueras de no sabemos dónde (Arrigorriaga, pero podría ser no sabemos dónde) en una vía pública arbolada, sin alumbrado siquiera y mucho menos videocámaras. Es decir, aparcado en despoblado… a mano de palanquistas y quinquis tipo El Vaquilla… o de etarras.
Incluso un terrorista principiante podría haber hurgado tranquilamente en los bajos del auto, consultando el manual del cursillo Ensambla tus propias bombas, bajado de internet, ataviado con grasiento mono de mecánico, transistor al lado sintonizando los éxitos del verano y echando un pitillo entre conexiones de cables.

-¿Qué? ¿Arreglando el buga? –Preguntó al etarra un vecino suéter al hombro, boina calada y manos a los bolsillos.

-Ya ve, montando un bombazo para darle matarile a un txakurra.

Al coche del inspector Puelles sólo le faltaba un letrero donde se leyera: Señores terroristas, manipulen el vehículo a sus anchas, llénenlo de bombas, sin cuidado alguno de ser descubiertos. Matanza fácil y asegurada.

¿Cómo es posible que el coche particular de uno de los más activos agentes de Policía en la lucha contra el terrorismo etarra estuviera aparcado en un lugar accesible a cualquiera, sin medidas de seguridad, dando tantas facilidades a los criminales de ETA y a su entramado de soplones?
Cuando suceden desgracias como ésta es cuando nos enteramos de que no hay partida presupuestaria para chalecos anti-bala, que no llegan los inhibidores de frecuencia o que las prácticas de tiro se hacen, no con munición reglamentaria, sino disparando los agentes granitos de arroz con el armazón de un bolígrafo BIC a modo de cerbatana, como en el cole cuando éramos unos galopines.

Luego llegan los lamentos, claro, y las frases, algunas descabelladas, que nos toca escuchar y transigir con ellas, no queda otra, en una situación trágica, de duelo y desconsuelo, como la pronunciada por el hermano de la víctima que dijo que el agente asesinado era un auténtico gudari.
Comoquiera que los etarras reclaman para sí esa misma condición, que alguna connotación poética habrá de tener para ser invocada por tantos peticionarios… -aunque no sabemos cual, sobre todo si andamos avisados del glorioso papel jugado por los batallones de aguerridos gudaris en Santoña, rindiéndose a los italianos sin disparar un tiro-… hacemos ver, por respeto a la familia, aturdida por el brutal atentado, que no hemos oído nada.
Sucede que el hermano de la víctima es agente de la Ertzaintza… ese cuerpo policial, gudaris también, que en años no ha detenido un solo etarra, ni un pro-etarra aficionado en las cargas de los antidisturbios… (como los mozos de escuadra con los okupas, pizca más o menos)… porque estaba entregado en cuerpo y alma a detener a esos indeseables de la resistencia no nacionalista empecinados en impactar con sus cataplines contra las rodillas flexionadas de los militantes del PNV… ¿Recuerdan?

Unas semanas después los etarras atentaron contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Burgos. Liaron un buen estropicio pero no hubo que lamentar víctimas. Cuando Tolerancio vio las imágenes del bombazo en la tele, lo primero que pensó es que los etarras habían disparado un misil tierra-aire contra un rascacielos en Benidorm. El edificio quedó en plan Beirut años 70.
Era imposible fallar a causa de las colosales dimensiones del blanco, es decir, del rascacielos donde viven familias y agentes del instituto armado. Incluso Tolerancio, que solo ha disparado balines con una carabina de aire comprimido en alguna caseta de feria y que tiene una puntería calamitosa, como para no acertarle a una vieja atada a una ventana, habría impactado el proyectil, disparado con bazooka y sin mira telescópica, tirando a bulto y desde una distancia de varios kilómetros.

A la casa cuartel de Burgos nada más le faltaba una diana en la fachada para ajustar el tiro. Cierto que los terroristas atentaron con un coche-bomba pero para el caso es lo mismo. No se entiende que, estando la Guardia Civil en el punto de mira de ETA, los agentes vivan hacinados con sus familias en un edificio de siete u ocho plantas con hechuras de colmena humana de barriada periférica de una gran ciudad. Lo difícil es fallar. La suerte quiso que esa gentuza no provocara una auténtica escabechina. Rompetechos, de ser etarra, habría dado en el blanco.

A finales de julio ETA asesinó a dos guardias civiles en Palma de Mallorca por el procedimiento de la bomba-lapa. Cómo no, el vehículo seleccionado estaba en la puta calle por ausencia de un aparcamiento debidamente custodiado. La chapuza de siempre, con la guardia baja. Cómo si ETA no llevara a sus espaldas centenares de víctimas y no supiéramos aún cómo se manejan esas alimañas.

El atentado sorprende porque es la primera vez que ETA mata en Baleares. Consternación en la isla y, cómo no, temor por las posibles repercusiones en la campaña turística.
Y cierta sorpresa que se lleva Tolerancio, pues nadie ignora que Carod Rovira, en nombre del gobierno regional, y con conocimiento y permiso expresos de ZP, alcanzó con los terroristas en Perpiñán una entente cordiale para que la banda criminal no atentara en Cataluña. Por esa razón no entiende que el dirigente republicano, a la sazón presidente en funciones, no pasara a sus contertulios encapuchados un mapa de los llamados països catalans que incluyen el archipiélago balear, ses illes, en su integridad. Véanse, entre otros, los mapas del tiempo de TV3.
La conclusión se impone al punto: ETA y Carod Rovira, a pesar de sus buenas relaciones, no consultan el mismo atlas.

Pero eso no es todo. A los atentados siguen las declaraciones, a veces arrebatadas, pero estúpidas. Para muestra las de Basagoiti, líder del PP vasco. En efecto, el dirigente popular, aliado en la hora presente de López, el lendapachi, ése que meses atrás se reunía con Otegui para mirarle a la cara… y decirle lo guapo que era… da un puñetazo en la mesa y afirma que los etarras son una mierda y que no son vascos.

Pero no es cierto. Los etarras son vascos como él, aunque no le guste. Ni nos guste. Cierto que en ocasiones reclutan informadores o pistoleros de otras regiones (algunos catalanes, además de amigos como Xirinachs y Joel Joan, han integrado sus comandos). Sólo faltaría que Basagoiti le pasara la patata caliente y la vergüenza a otros. ¿O es que los terroristas de ETA son de Logroño? ¿De Noruega o de Singapur?
Los etarras son vascos, claro es. Producto de la tierra. El fruto genuino, y podrido, de la intoxicación nacionalista. Aún más: los etarras son españoles, salvo alguno francés. Españoles renegados y que odian España, pero españoles al cabo. ¿Qué son una mierda? Sí, desde luego. Una mierda pestilente… nuestra mierda. Mierda vasca y española. Mierda con denominación de origen. ¿O es que las Vascongadas en particular o España en su conjunto no producen mierda?... Por toneladas. Los etarras son uno de esos paradigmas fecales.

Berta y Rodolfo, dos españoles de a pie, declaran días atrás al diario El Mundo en su edición de Baleares: ETA no modificará nuestros planes…se trata de una crónica periodística que pretende sondear el impacto del atentado en las reservas hoteleras.
La pareja sacó billete aéreo para volar a las islas y pasar unos días de vacaciones. Pero a raíz del bombazo etarra decidieron posponer la visita, perdiendo los casi 300 € del vuelo contratado. Añadieron… pero iremos a Mallorca en otra ocasión.
Berta y Rodolfo están en su perfecto derecho de cancelar la visita a resultas del atentado, pero no es necesario que nos mientan o tomen por idiotas pues es evidente que ETA sí ha cambiado sus planes.

Así está el país y el paisanaje. La idiotez y la incongruencia encuentran asiento a cada paso. Amplia y variada es la casuística excrementicia, con mierdas y mierdecillas de diferentes texturas y consistencias.







sábado, 15 de agosto de 2009

De profesión: dinamizador lingüístico


Hemos sabido por la prensa que el gobierno del sonderkommando Montilla pone a disposición de los nuevos jueces y fiscales destinados en Cataluña un batallón de… dinamizadores lingüísticos. La expresión es original, tan original que no sabemos en qué consiste exactamente la tarea de tales dinamizadores, aunque podemos imaginarlo.
Puede que en los pasillos y despachos de la recién inaugurada Ciudad Judicial reine el silencio por la gravedad de los asuntos allí tratados o por la discreción exigible a los funcionarios en la gestión de sus diligencias.

La Justicia es cosa muy solemne, pero a veces kafkiana a tenor de las noticias que nos llegan de atascos de causas, peores que los de tráfico, de la sinrazón de algunas sentencias o lo que quiera que sea que permite que un individuo como Santiago Pedraz sea acreditado especialista en tan arcano conocimiento y reciba por ello un salario mensual.
Lo dicho no quita que las humanas leyes inspiren respeto. A lo que se ve una suerte de autismo transitorio, de enmudecimiento colectivo, de 08h a 15h, se filtra por las paredes y embaldosado de la Ciudad Judicial y acaba por apoderarse de estancias, empleados y visitantes. De ahí que sea preciso, por aquello de humanizar la administración de Justicia, derramar bromas, charlas, conversaciones, para dinamizar esas palatinas dependencias con una alegre y chispeante pincelada festiva… y en esa sazón y punto entran en escena, disfrazados de Piolín o de Pato Donald, como figurantes de una ludoteca infantil, los dinamizadores lingüísticos del gobierno Montilla para romper el hielo, combatir ese sobrio, seriecísimo ambiente judicial, y animar el cotarro.

Pero mucho nos tenemos que los dinamizadores están para otra cosa. Que lo de dinamizar es un eufemismo que enmascara un desbocado afán por ejercer la inspección lingüística en ese ámbito de la administración, hasta la fecha el menos permeable a las presiones ejercidas por los sucesivos gobiernos nacionalistas (CiU en solitario, o indistintamente con respaldo de ERC primero o de PP, años más tarde, y los tripartitos I y II) e imponer también ahí el modelo monolingüe obligatorio. Y que sus togadas Señorías, antes o después, serán dinamizadas a la brava, una vez superada una fase inicial… (la calma que precede a la tormenta)… de acatamiento u observación voluntaria de la citada dinamización.

Cuando ese plazo cumpla, la dinamización será obligatoria, sin afeites ni ungüentos, y jueces y fiscales serán dinamizados sin vaselina, mirando a Pamplona. Y los que no pasen por el tubo habrán de optar a un nuevo destino, mediante concurso de traslados, allende los juzgados de nuestra región para desempeñar sus funciones. Habrán, pues, de ir a hacer puñetas a otra parte.
Pareceremos desconfiados pero a eso precisamente suena la dinamización de marras… a una relación dual, de pareja, que requiere un dinamizador activo y un dinamizado pasivo.

Se levanta la sesión.

martes, 11 de agosto de 2009

Crónicas berlinesas (II)

Desde Bahía de Alcudia

A Antonio Ramos

No sabe uno si se topará por las calles de Berlín con los personajes pintorescos, filósofos, menesterosos y hampones que retrató Döblin en su novela Alexanderplatz o la gente del común que se asoma a las crónicas periodísticas de Joseph Roth. Las prostitutas las encontrará el turista en la calle Oranienburger… -en la acera de la Nueva Sinagoga, siempre custodiada por agentes de policía-… perspectiva al copo de terrazas y bares de copas. Putas altas, rubias, bellísimas, top-models del folleteo tarifado. Chicas espectaculares, de las que paran el tráfico. Los turistas, intimidados por esos bellezones, cariátides de esquina, aceleran el paso y no se atreven a aguantarles la mirada.
Eso le pasó a Tolerancio, que se las miraba de soslayo y, timorato, se resistió a retratarse junto a una, a sugerencia de su locuaz señora, por no parecer Alfredo Landa al lado de una muñeca eslava escultural, de piernas quilométricas:

Sra. de Tolerancio.- Hazte una foto con esa chica para que la vean tus amigos o no te creerán…

Tolerancio.- No es posible que sean de verdad. Ni las de las revistas… son hologramas.

Los Trabant, el modelo que monopolizó el parque móvil de la antigua RDA, circulan por la avenida Unten der Linden y rodean la plaza de París ante la puerta de Brandenburgo para animar al turisteo a un safari automovilístico a bordo de esos cochecitos tan simpáticos que parecen de juguete y que recuerdan el entrañable 600 del desarrollismo español.
Se dan un garbeo por la Bebelplatz, donde los estudiantes nazis quemaron libros de autores depravados o judaizantes durante la Brandnacht… entre ellos los de Joseph Roth, el autor de La Marcha Radetzky y uno de los mejores cicerones literarios, a su pesar, de la ciudad de Berlín. Los nuestros, año 2009, tienen un programa literario en una televisión pública donde sumergen los libros malditos en un cubo, o barril, de agua. El presentador del espacio progre-inquisitorial es un tipo con cara de zampabollos y aires de pelársela mirando por la tele las cargas de los mozos de escuadra a las órdenes del ecotorturador Joan Saura.

Segunda Pascua. Campaña en Berlín de las elecciones europeas del 7-J. Los partidos cuelgan de las farolas sus reclamos y carteles. En la misma calle, como en un foro gráfico de la democracia, conviven sin estridencias las fotos de los distintos candidatos. Cada uno con su eslogan bajo el retrato.
No sabemos alemán pero uno percibe que no hay insultos, ni sectarismos desatados, ni estridencias. Ni un cartel electoral rasgado o pintarrajeado. Por la misma razón acaso que alcohólicos empedernidos y jóvenes alternativos con rastas, perros y malabares, no se meten con nadie, a nadie increpan, a nadie molestan. Echan sus tragos en un banco, en el parque, y se cuidan mucho de tirar al suelo la botella vacía para hacerla añicos.
Los okupas reciben sin distingos a los curiosos en el taller escultórico del Tacheless, en la acera frontera de las esculturales meretrices. Es una delicia. Le dejan a uno huronear entre las esculturas. Un artista, soplete en mano, perfila su obra. Hay asientos en un arenal. Media bañera es un sillón Luis XV y una criatura monstruosa, metálica, un bicho de estética Alien, el octavo pasajero hace de balancín en un parque infantil sobre un flexible muelle. No falta un bar para tomar una copa y escuchar música. Acuden familias enteras y no se ven pancartas de contenido político marginal o antisistema. Nuestros okupas pro-etarras de casa bien, hijos de concejales y de ministros, bostezarían allí de aburrimiento y mearían las birras por los rincones.

Aprovechamos para desmentir que Silvana Koch-Mehrin, cabeza de lista del FDP, los liberales, al parlamento de Estrasburgo, mantuviera un romance con Tolerancio. Tampoco es cierto que Tolerancio haya sido detenido por escándalo público por hacer fuentecitas en la vía pública delante de un cartel de la bellísima candidata, según el rumor propagado por lenguas viperinas, aunque es cierto que intentó descolgar uno de una farola, sin éxito, para cometer ese acto salaz e impúdico en la intimidad de la habitación del hotel.
De modo que, nada de detenciones. Además los polis son muy correctos, aunque grandes como armarios roperos. Sonríen a Tolerancio y señora en las inmediaciones de Postdammerplatz cuando ambos, al transitar la calle, se confunden con grupos de tamiles que organizan una manifestación reivindicativa contra el gobierno de Sri Lanka. Se libran del cacheo y un agente de dos metros, sonriente, con gesto afable, les invita a desviarse hacia otra calle. No les manda Joan Saura, eso es evidente, cuya libido, con gran acopio de babas, se dispara ante las cachiporras de los agentes antidisturbios.

Cerca de la Rathaus, la Casa Roja, ése es el color del edificio de ladrillos del ayuntamiento, pasean nuestros turistas por un parquecito y Tolerancio no puede evitar la tentación de hacerse una foto entre unas estatuas broncíneas de Marx y Engels. Son unos pensadores como gordezuelos, apegados a lo material, pero el conjunto no transmite sensación de pesadez, no así la doctrina debida a ambos que, además de latosa, plomiza, ocasionó en el siglo XX la muerte violenta de docenas de millones de personas en todo el mundo.
Son un Marx y un Engels casi entrañables que tienen un aire, ni utópico ni científico, a Botero. El mullido regazo de Marx recibe a Tolerancio para una foto ocurrente.

Caminan un poco más allá buscando un puente sobre el río Spree para pasar a la otra orilla y callejear el Nikolaiviertel en pos de un restaurante al gusto alemán y al pie de un árbol frondoso, en pleno centro de Berlín, a 10 metros de sus narices, ven, no es broma, un conejito.
En el micro-barrio de Nikolaiviertel, cuatro calles pintorescas, no abundan en Berlín, Tolerancio y señora cenan y luego toman una copa. Los camareros que les atienden son muy amables, poniendo en entredicho el tópico de la hostelería local huraña y distante. Han estado de vacaciones en España. Saben decir sangría, paella y unas cuantas cosas más.

La cena ha sido opípara. Tolerancio, expansivo, se frumela un par de gin tonics. Dando un pequeño paseo llegan ante una magnífica estatua de San Jorge lanceando al dragón en una plazoleta ribereña de las oscuras aguas del Spree. Uno, ante el santo vencedor de las tinieblas, se acuerda al punto de su Barcelona, de su Cataluña… y no puede dejar de pensar… qué sería del universo mundo sin nuestra embajadilla en Berlín… muy sencillo, que se detendría. La única forma de evitarlo es repetir como un mantra la inspirada frase de Kennedy: yo también soy berlinés.

PS.- Tolerancio ruega al sr. Atreides que señale, si le place, los errores que pueda contener esta bitácora: geográficos, toponímicos, ortográficos... en particular nos preocupa una más que posible transcripción errónea del famoso local okupa y artísitco que hemos citado, pues lo hacemos de memoria y la memoria falla como todo en esta vida. Gracias por su atención y cortesía.


miércoles, 5 de agosto de 2009

Crónicas berlinesas (I)



A Antonio Ramos por recomendar a Tolerancio una provechosa visita a Berlín

Foto de bitácora.- Tolerancio ante la embajadilla de Cataluña en Berlín. Con la mitad del presupuesto anual de esta legación de pacotilla se podría mantener un retén de bomberos perfectamente equipado en Horta de Sant Joan, pero el sonderkommando Montilla y los nacionalistas catalanes prefieren bomberos abrasados y viudas desconsoladas a renunciar a sus delirios diplomáticos.


Berlín es una ciudad desconcertante. Recibe hostil al visitante recién desempacado como un bulto en la inmensidad de Alexanderplatz… pero le va atrapando poco a poco.
Berlín multiplica por 10 la extensión de Barcelona. No es fácil orientarse sin un plano pues apenas hay referencias que destaquen en esa descomunal planicie, salvo en el centro, en Mitte, donde se yerguen la torre TV de la antigua RDA, un pirulí gigantesco, y el coloso del hotel Park Inn. Desde la torre de TV los transeúntes toman la escala de hormiguitas convirtiendo en entomólogos aficionados a quienes otean el horizonte desde el mirador con forma de ovni, de cápsula espacial.

Berlín, dicen, ha tomado el relevo a Barcelona como ciudad cosmopolita, abierta, Meca del diseño, de la arquitectura contemporánea, de la innovación urbanística y del ocio. No nos sorprende. En Berlín hay mucho que hacer más que mucho que ver, pues a pesar de sus atractivos no es una ciudad monumental. Cierto que entran en el menú visitas de interés: los jardines del Tiergarten, el castillo de la reina Carlota, en Charlottenburg, el museo de Pérgamo, que es una maravilla, o la galería de pintura contemporánea con lo mejor del expresionismo europeo.

Berlín fue arrasada durante la II Guerra Mundial… y para rematarla del todo fue la casilla del tablero donde se dirimió la Guerra Fría entre bloques. Lo que para el resto del mundo fue un choque entre grandes potencias y sus satélites sobre un mapamundi o en los noticieros de la tele, en Berlín esa contienda silenciosa se libró en sus calles, casi finca por finca. Ese proceso culminó con la construcción del tristemente célebre Muro de Berlín y con el puente aéreo aliado que salvó a miles de berlineses de sucumbir al aislamiento y la escasez provocados por el cerco de piedra erigido por las autoridades comunistas de la república títere de Alemania Oriental.

Hoy, 20 años después de su demolición, apenas quedan tramos del muro, aunque aún el turista puede retratarse ante diminutos fragmentos en las inmediaciones de la Postdammerplatz junto a figurantes disfrazados de polizontes que le sellarán un visado de pega a guisa de souvenir.
El muro físico ha generado separaciones familiares e incluso asesinatos… -más de 100 berlineses cayeron abatidos por disparos desde las torretas de vigilancia en su intento de burlar el sitio soviético y pasar a Occidente-… y ha creado unas inercias y condicionado la conducta de la gente.

Berlín se ha deshecho de su muro para los restos, a martillazos, excepto en esa residual dimensión de la explotación comercial para solaz turístico. En cambio, Barcelona, cabeza de Cataluña, alza el suyo. No ha sido éste fraguado con el cemento de la albañilería, sino con materiales más resistentes si cabe… con la argamasa de la estupidez.
Suena a fatalidad: para un no nacionalista catalán que aterriza en Berlín, al punto se establecen correspondencias fantasmagóricas que para otros visitantes pasan desapercibidas. Y de ese modo a uno le asalta la curiosa idea de que Berlín, para echar a volar, había de colgarle el muerto a otro, como en un contagio vírico. Como si Berlín, a resultas de un fatídico mecanismo compensatorio, se abriera al mundo al precio de que Barcelona, y con ella Cataluña, quedara un poco más cerrada, clausurada tras un invisible muro. Como si la idiotez, como la energía, ni se creara ni destruyera, tan solo transformara. Y ese muro que fue berlinés es ahora catalán.

En Charlottenstrasse 18, calle paralela a la Friedrichtrasse, una de las arterias comerciales por excelencia de Berlín, donde se conserva el chekpoint Charlie, punto fronterizo entre ambos berlines, con soviéticos y americanos mirándose las caras y apuntándose entre las cejas, Tolerancio se retrata junto a la discreta placa que anuncia al transeúnte la embajadilla abierta en la capital alemana por la Generalidad de Cataluña del sonderkommando Montilla. Bajo la placa de la embajadilla descubrimos otra del Consulado del Mar de la ciudad de Barcelona. Cierto que en Berlín no hay mar, pero el río Spree es navegable y da en el lago Wansee, donde los berlineses practican deportes náuticos y donde los jerarcas nazis decidieron la llamada solución final de la cuestión judía.

Nadie verá ningún muro por las calles de Barcelona. Pero lo hay, lo están levantando a marchas y multas forzadas… y es un muro peor que uno de piedra, porque es un muro que no se derriba ni con una división acorazada de bulldozers. Un muro que aísla, que encierra y separa. Un muro invisible, intangible, que transforma una ciudad de aires y pretensiones cosmopolitas en la capital de una región aldeana que, enfrentada a un mundo diverso, apuesta por la pequeñez, por una suerte de reductora autarquía espiritual y que se encierra y repliega sobre sí misma como un rollizo caracol en su concha en espiral.
El muro que tiende Barcelona se llama esencialismo, tribalismo, inmersión monolingüe obligatoria. Y ahorma a sus gentes a la comodidad y a la seguridad lanares de las referencias afectivas e identitarias que el nacionalismo promueve. Con el tiempo no hay muro ni más denso ni compacto que ése. Sóc un tap de bassa, lleig i un ruc, però sóc català de soca-rel (Soy bajito, feo y burro pero soy catalán de pura cepa). No hay muro más indestructible que ése.