jueves, 10 de junio de 2010

La lengua redentora

Al patán de Tolerancio se le desarreglaron las tripas días atrás. Lo tuvo merecido por ojear, en contra del sentido común, un ejemplar de la prensa gratuita. Junto a la habitual ración de mala fe de redactores anónimos e hirientes incongruencias lingüísticas y toponímicas en virtud de las que, en la sección meteorológica, La Coruña es A Coruña, Orense es Ourense pero Castellón es Castellón y no Castelló o Londres es Londres y no London, se dio de bruces con dos hallazgos de una insólita estulticia.

Uno referido a las virtudes socialmente sanadoras y balsámicas de la lengua catalana y el otro un sorprendente anuncio institucional de la Junta de Extremadura. Tolerancio leyó y releyó ambos textos una y otra vez, pues no daba crédito a lo que tenía ante sí, invirtiendo por una vez más tiempo del necesario para revisar ese conjunto de hojas numeradas que lleva por título 20 Minutos.

Abrió boca, o mejor, cerró boca, la del estómago, con un anuncio de promoción turística insertado por el gobierno regional de Extremadura. Aparece a toda página un tiparraco con aire profundo y meditabundo que, por una inscripción al pie de la fotografía, dice llamarse Huecco. Es, eso parece, su nombre artístico. Tolerancio se documenta y averigua que el interfecto es un cantautor o por tal pasa ante la opinión pública. Y presume, pero es una mera conjetura, que el citado sobrenombre es descriptivo y alude a una cualidad de su cabolo ornado con larga melena.

El pasmoso mensaje es éste:

Somos Extremadura. Hay quien ha hecho de los negocios y de los mercados un juego especulativo para conseguir el máximo beneficio a costa de lo que sea... Otros en cambio pensamos que hay que crear un nuevo modelo "sostenible" de conciencia social, porque la economía no puede estar alejada de lo verdaderamente importante: las personas.

www.somos-extramdura.es

Tal cual. No es ninguna trola. Todo ese dinero público, una millonada, para publicitar las bellezas sin cuento... -paisajes, gastronomía, costumbres, patrimonio histórico-artístico-... de Extremadura con una versión empalagosa de discurso buenista de Zapatero que nos remite a su ditirámbico y olvidado proyecto de economía sostenible. Como suena. Para vomitar.

A uno le entran ganas de decir: ¿Así que el gobierno de Extremadura quiere convencerme de visitar tan bella región colándome propaganda, no ya subliminal, sino descarada, de la babosa y huera… -o huecca, en honor al trovador en nómina-… fraseología de ZP?... Que si el centro histórico de Cáceres es patrimonio de la Humanidad, que si Trujillo es una localidad monumental como no hay dos o el valle del Jerte una preciosidad con sus almendros en flor, Hervás un pueblo delicioso y el parque de Monfragüe una joya paisajística para observar el vuelo majestuoso de las grandes rapaces…pues dan ganas de decir que me esperen sentados…

La otra memorable gansada se la debemos a un periodista inglés afincado en Cataluña llamado Matthew Tree, apellido que da árbol en español. Y a quien, conocidas sus declaraciones, deberíamos recordarle el refrán que dice que los árboles de la subvención para remunerar el baboseo militante no dejan ver el bosque.

El tal Tree… -árbol, acaso un alcornoque-…hace sus apaniguadas declaraciones en una separata pagada con nuestro dinero por la Generalidad e insertada en el diario gratuito, no sólo por el precio, sino por su relevancia. Es un publirreportaje, al copo de pequeñas perversiones, un no parar párrafo a párrafo, enfocado a la difusión de la lengua catalana entre colectivos inmigrantes. El libelo nauseabundo se titula Vivim Junts (vivimos juntos) o cosa parecida y apela a la pacífica y cordial convivencia en función de la recomendable integración de los extranjeros por asimilación o enculturación intensiva… fenómeno que llamaremos en adelante amontillamiento.

El busilis de su intervención estelar se resume de esta manera:

Hi ha societats més racistes que d’altres? (¿Hay sociedades más racistas que otras?

El andoba de Tree piensa, Me alegra que me haga esa pregunta, peloteando sin disimulo, pensando en nuevas sinecuras y encerando el suelo con ubérrimo aluvión de babas (traducimos su lacayuna respuesta):

El racismo de las sociedades depende de sus tradiciones culturales. En el caso de Cataluña, gracias a la utilización de la lengua como elemento de integración, la gente quizá es menos racista que en otros lugares.

Mira tú por dónde, la lengua catalana se revela como bálsamo curalotodo contra la xenofobia y el racismo. Seguramente reconocidos esclavistas catalanes como el conde Güell, el señor Xifré, todos con calles y parques dedicados en nuestra bien amada ciudad, o medidores de cráneos itinerantes como el mecenas doctor Bartolomé Robert, o precursores del nacionalismo catalán como Prat de la Riba, obsesionado en desvaríos raciales a la guisa de Sabino Arana, se ve que no hablaron catalán ni en la intimidad, porque el dulce son de nuestra lengua vernácula no les hizo el efecto civilizador pregonado por ese anglopaleto catalanista de míster Tree.

La lengua catalana, según Tree, que de cobijarse bajo la sombra de un árbol elegiría el Pi de les tres branques (el pino de tres ramas)… -donde los nacionalistas montaban su romería anual para conectar ilusoriamente con el legendario sueño pancatalanista de Jaime I el Conquistador, delirante falsificación onírica e histórica que tuvo su público, como lo tienen las peleas de barro entre señoritas en bikini-… se manifiesta como lengua de un irenismo conmovedor y es Tree el abanderado irenarca de la misma, el magistrado encargado de la calma y tranquilidad del pueblo.

Y uno lamenta que el catalán no se hubiera hablado antes y en todo el mundo. Acaso la Historia de la Humanidad se habría ahorrado tristísimos episodios como la esclavitud, los pogromos medievales, el Ku Klux Klan o el antisemitismo contemporáneo. Otro gallo nos habría cantado de realizarse in illo tempore una inmersión lingüística a escala planetaria.

El catalán, esa lengua filantrópica que no tiene la culpa de las prohibiciones, cuotas y multas que se imponen en su nombre, ni de que sus hablantes crearan la despectiva categoría clasificatoria del xarnego (charnego) para designar a los mestizos impuros. Ese entrañable huevón de Tree no se ha enterado. Ni falta que le hace, mientras le vayan soltando la soldada por largar memeces semejantes.

1 comentario:

Reinhard dijo...

El tree-pi que se ha tomado el pobre imbécil; es curioso que España siempre ha sido una tierra con mucho encanto para que los británicos vengan a tocarnos el ciruelo.