miércoles, 21 de noviembre de 2007

El no nacionalismo demediado: Ciudadanos/Rosa Díaz


Cuando dicen que la Historia se escribe con renglones torcidos, comprueba uno desencantado que la cita vale también para la reciente historia de la expresión política del no nacionalismo. Y decimos reciente historia no porque el no nacionalismo no existiera tiempo ha, sino porque no tenía expresión política, unas siglas de referencia. Como todo el mundo sabe los partidos mayoritarios con responsabilidades de gobierno, UCD, PSOE y PP, siempre han demostrado complacencia, blandenguería o complicidad con los nacionalistas a cambio de formalizar mayorías parlamentarias o evitar conflictos, promulgando una ley no escrita de permanente supeditación de la política nacional, fenómeno prácticamente desconocido en el resto del mundo, a las aspiraciones y llantos de los diferentes partidos localistas, por lo que sólo muy generosamente podemos llamar nacionales a los partidos mayoritarios.

En esta última legislatura hemos asistido a un deterioro institucional inaudito gracias a la política errática y claudicante en materia nacional del gobierno ZP. Ha sido una permanente demolición de la idea nacional de España inaugurada con una declaración enjundiosa y solemne cuando el inefable ZP dijo que el concepto nación es, referido a España por supuesto, discutido y discutible para solaz de quienes reclaman para determinados territorios, conforme a abracadabrantes pero muy divulgadas tergiversaciones históricas, un rango equiparable al de los estados soberanos reconocidos en el concierto de las naciones. A esa declaración de principios de ZP ha seguido, correlato inevitable, un auténtico desbarajuste en cascada de reformas estatutarias como la catalana o la andaluza, también avalada por el PP, que, según las encuestas publicadas entonces, importaban poco menos que un pimiento a la ciudadanía y que tuvieron un refrendo en las urnas con ínfimos porcentajes de participación. La asimetría de derechos pregonada entre otros por Maragall es hoy un hecho consumado en una España en proceso de feudalización galopante, donde los señores locales imponen su ley en los territorios de su jurisdicción.

A la imbecilidad en materia nacional, teñida de malicia, del actual PSOE, se ha sumado de grado el PP con su voluntarioso respaldo a muchas de esas reformas estatutarias que han proliferado como setas autumnales en la frondosa floresta y con algunas desconcertantes declaraciones de sus más destacados dirigentes, como los recientes guiños de Juan Costa a CiU y PNV con el propósito de urdir futuros acuerdos tras las próximas elecciones generales y retomar el habitual modismo de la cansina tutela nacionalista de la política española.

Y todo cuando la sensación de hartazgo ante el continuo chantaje nacionalista es creciente y se difunden al fin opiniones que propugnan inequívocamente la recuperación para el estado central de competencias como la Educación que fueron en su día inoportunamente transferidas en aras de un fallido contentamiento de los nacionalistas, imposible por principio, pues no hay manera de saciar su voracidad reivindicativa. Y cuando asoman en el horizonte colectivos de ciudadanos organizados en nuevas formaciones políticas como C’s y más tarde UPD, que postulan la necesaria y deseable pérdida de influencia del nacionalismo identitario mediante reformas de la ley electoral, amén del combate conceptual e intelectual que desde hace años plantean contra los postulados nacionalistas voluntariosas asociaciones ayunas de toda subvención.
Lo dicho… y cuando al fin se respira en el ambiente que la presencia de un partido o coalición de partidos expresamente definidos como no nacionalistas se haría con un hueco en el arco parlamentario, ahora que el PSOE de ZP ha perdido todo crédito en el llamado discurso nacional y no ofreciendo el PP las garantías deseables en esa materia, ahora que es una necesidad histórica y una cautela casi higiénica su aparición en el escenario político, ahora que es posible para un considerable segmento de la ciudadanía española y que nos sirven la ocasión en bandeja de plata… hete aquí que aquellos llamados a protagonizar esa suerte de rebelión ciudadana, C’s y UPD, contra el cansino, latoso, mortificante y omnipresente nacionalismo y contra la cobarde y bobalicona claudicación de los partidos mayoritarios, no se ponen de acuerdo para presentar listas conjuntas en aquellas circunscripciones donde habría probabilidades de obtener representación.

Ciudadanos y Rosa Díaz, Rosa Díaz y Ciudadanos, tanto monta, monta tanto, han de entender que los no nacionalistas llevamos muchos años sin unas siglas de referencia, que no somos de ningún partido, ni siquiera del nuestro. Somos, antes que de derechas, de centro o de izquierdas, no nacionalistas, porque ni derecha, ni centro ni izquierda nos han hecho puñetero el caso y todos ellos han pasado cabizbajos bajo las horcas caudinas del nacionalismo. Tolerancio, como algunos de ustedes, es no nacionalista y no tiene más obediencia que ésa y no entenderá ni perdonará, en su insignificancia, a quienes dañen la causa del no nacionalismo, no por errores de cálculo, pues todos podemos equivocarnos, sino por minucias y bagatelas como son las rencillas o desconfianzas personales.
Llevamos ya, y a regañadientes -pues la política no nos pone, como no sea de los nervios- unos cuantos años acudiendo a reuniones, asambleas, probando una cosa y luego otra, con su ración cumplida de discusiones, roces, desencuentros, alguna alegría que otra también, quitando tiempo a dormir la siesta o ir al cine en pos de la fórmula mágica, de la quintaesencia, y ahora que hierve en la retorta alquímica y asistimos expectantes a su nacimiento nos dicen que de lo dicho nada porque Pepito no quiere a Pepita o viceversa.
Rosa Díez es una política conocida, un dignísimo cartel electoral, y podría rascar un buen puñado de votos al PSOE entre esa gente desencantada por las conchabanzas repulsivas de ZP y los nacionalistas, de traje o capucha, al tiempo que C’s podría aportar su militancia consolidada y el bagaje de votos obtenido en las pasadas elecciones autonómicas, casi 90.000, que no es cosa para tomar a broma. Se necesitan, se complementan. O mejor, juntos les necesita el no nacionalismo.

El nacionalismo es como la hidra de Lerna: si la descabezas de un hachazo, al punto surge otra cabeza en el hueco que dejó el apéndice decapitado. El no nacionalismo no es así. Los no nacionalistas no tienen deudas de sangre que saldar por los antepasados oprimidos. Pueden sacrificar parte de su tiempo y de su vida por la causa pero carecen, afortunadamente, del componente tribal, asambleario en su ADN. Son reacios a la organización, al grupo. Creen en el individuo y por eso, si se cansan, se van a casa, pues la arena política no es en el fondo su hábitat natural y propenden a soluciones escapistas, individuales.

El entendimiento entre C’s y Rosa Díez es una necesidad, una emergencia histórica, un imperativo categórico. Si el no nacionalismo concurre por separado se estrellará y cundirá el desánimo entre sus filas, poco prietas por su resistencia a la disciplina. Lo dicen voces más autorizadas. Y si se estrellan el no nacionalismo difícilmente podrá remontar el vuelo. El no nacionalismo demediado perderá votos, pues se avecina una reñida pelea entre los dos grandes contendientes. ZP, lo ha publicado el diario El Mundo, ampara de nuevo reuniones con ETA, y uno atisba en el horizonte más componendas y cesiones en detrimento de la unidad nacional y de los derechos políticos y civiles y el PP, en cambio, anuncia que garantizará, habría que verlo, la enseñanza en español en todo el territorio nacional.
Pocos serán los no nacionalistas que ante la perspectiva de votar a una opción escindida y sin posibilidades, aunque sea la suya, o contender en el palenque de la madre de todas las batallas para evitar el mal mayor, decidan lo primero.

¿Otros cuatro años con ZP, Carod Rovira y las negociaciones con ETA? ¡Qué pesadilla! Ni de broma…


2 comentarios:

Reinhard dijo...

Apreciado Tolerancio:
Mucho me temo que esto de acudir separados a una contienda que se presume ajustada en el resultado obedece a una mera cuestión de vanidad, pero también de ideas; vanidad por parte de UPD, especialmente de Savater, a quien el malvado Losantos, en hábil manejo de la retórica marxista, define como ingeniero de almas, y que es un sujeto enamorado de su ombligo, pagado de sí mismo y encantado de haberse conocido. Pero en esta negativa del neonato partido, pues parece ser que C´s quería esa unidad, hay un trasfondo ideológico. Hace un tiempo intercambié correos electrónicos con un reconocido escritor afincado en Barcelona que estuvo en la gestación de C´s, y su diagnóstico era claro: vaticinaba que, ante un ajustado resultado electoral, Rosa Díez y Savater, que son de izquierdas, apoyarían a Zapatero antes que al PP. Creo que esta falta de unidad puede acarrear que muchos votos en Cataluña vayan hacia el PP, lo que, a buen seguro, sería el mal menor si nos atenemos al pragmatismo. Pero uno, que es de natural malicioso, opina que UPD busca fagocitar a C´s, para lo que estimo cuenta con notables submarinos. Veremos.
Saludos.

MUY SEÑORES MIOS dijo...

Toledano-Tolerancio, me he permitido la libertad de recomendarte en mi blog y hasta de poner un vínvulo al tuyo. Si no te parece bien, no tienes más que hacérmelo saber y lo quitaré.

La dirección de mi blog es:

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Saludos,

Juan